ESPECTACULOS

Biografía de Julián Centeya, el rey mistongo

El poeta que trascendió popularmente como El hombre gris de Buenos Aires, desglosa facetas de un arquetipo del porteño dedicado con igual fervor a la literatura, el periodismo, la canción y el comentario radial y televisivo, a cargo de los especialistas del tango Matías Mauricio y Roberto Selles.

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"Quiero dejar asentado el agradecimiento de compartir junto a Selles, mi hermano mayor, la creación de este libro sobre Centeya", dijo Mauricio a Télam sobre el compositor y notable historiador del tango recientemente fallecido.

El volumen editado por Milena Cacerola agrega a la historia de vida de Centeya (1910-1974), nacido en Italia como Amleto Enrique Vergiati, fotos y poemas inéditos que cruzan su trama existencial y una obra literaria compuesta entre otros títulos por El recuerdo de la enfermería de San Jaime, La musa mistonga, El vaciadero y su recitación en una variada producción discográfica.

Télam: ¿Qué agrega esta biografía a las dedicadas ya a Centeya?
Mauricio: Con Selles laburamos fuerte para desmantelar falsos mitos en torno a Julián, deporte tan enquistado en la literatura de tango, dando cuenta de aspectos invisibilizados: su llegada a la Argentina, sus poemas inéditos, el cronista de cine, nuevos seudónimos, material fotográfico desconocido y poemas de su inhallable primer libro El recuerdo de la enfermería de San Jaime, entre otros materiales.

T: ¿Cuáles son los rasgos que marcan a fuego el estilo de Centeya, ese fraseo que lo diferenció de otros poetas del tango?
M: Lo pienso como una constelación aparte dentro del cosmos tanguero que introdujo el verso libre en la lunfardesca, inesperados giros que hicieron tambalear el avispero de la tradición 'lunfa' y ese aire 'suicidante' que anida en sus textos. Como contrapartida, en su cuerda poética asoman Carlos de la Púa, Discépolo y Carriego.

T: ¿Cómo evaluás su poética ligada a una letrística que dio más de 80 canciones en su haber, la mayoría de ellas, tangos?
M: Transpolo "Mi reino por un caballo" por este "Mi reino por 'La vi llegar'", su letra de tango más depurada con la que se ganó el cielo y el infierno de la cancionística ciudadana. Sumo al barrio otras dos: "Claudinette" y "Canción a tu presencia". El resto de su letrística no la considero a la altura de las nombradas, quizá producto de cierto 'repentismo' o porque acaso fue en esencia un poeta de libro y no un autor de letras de canciones.

T: Hay un Centeya lunfardo, con humor, con sarcasmo; ¿en ese sentido cuál crees que fue su aporte a nuestra jerga ciudadana?
M: Justamente, utiliza esas apoyaturas propias de la lunfardesca a contrapelo de lo establecido. El humor y el sarcasmo aparecen mucho en sus notas periodísticas en 'lunfa', rompiendo los formalismos de la época: ésa es su semilla. Y como dije, ese aire de palabra 'suicidante' que punza a ganzúa en un constante 'tute cabrero' con la "huesuda".

Y ya que hablamos de aportes, es poco sabido que introdujo el término "jaula" como símil de bandoneón y que también le debemos esa hermosa metonimia que remplaza a Aníbal Troilo por "El Bandoneón Mayor de Buenos Aires".

T: Fue extensa su tarea periodística, en especial dedicada al cine.
M: En 1938 trabaja como periodista en la revista Cine Argentino, punta de lanza que presagia prácticamente todo lo que vendrá en su vida, allí publica sus primeros poemas y nace el áspero cronista 'lunfa' que embestía como toro contra los malos directores y actores de la pantalla grande. Tan abrumadora fue la popularidad de sus notas que tuvo que inventarse un nuevo oficio: 'charlista' de radio.

T: Es interesante su vinculación con el tema de la negritud al que dedicó su primer libro y varias milongas, candombes, rumbas…
M: Es, sí, un tema muy recurrente en su obra. El primerode sus libros ya vislumbra las miserias padecidas por los afroamericanos del Harlem, luego se pone las pilchas del Río de la Plata y vuelve al abordaje de la negritud, pero esta vez en formato de letra para canción con nombres de africanismos como "Carumbaié", "Rumbera de Camaguey", "Yamambó" y "El negro bamba".

T: ¿Se dio un contacto epistolar entre Centeya y Henry Miller?
M: En 1943 llegó a las manos de Miller un ejemplar traducido al inglés de El recuerdo de la enfermería de San Jaime. ¿Se lo acercó un amigo de Julián?, ¿fue un envío de carta? Lo cierto es que a vuelta de correo Miller le escribe: "Después de conocer su libro, una vez más se da la vieja coincidencia, que la mejor poesía negra ha sido escrita por hombres blancos. En ello lo incluyo a ud., a quien anticipo grandes éxitos librescos, pero una vida dura y amarga".

T: Convertido en una figura de Buenos Aires, arquetipo de la porteñidad, ¿trascendió más el personaje que sus propios temas?
M: El "personaje" fue siempre su mascarón de proa, alimentado a veces por él bajo ese traje de lumpen, de anarco, de tipo indomable. Alguna vez dijo que estaba un poco podrido del "personaje Centeya", quizá anhelaba que se valore sólo su obra poética y no la imagen del hombre desalojado de cuanta casa habitaba sin más equipaje que una botella de caña y unas zanahorias fritas como cena.

T: Entre sus metejones, además de los cafés, el tango y los amigos, estaban los perros y el fútbol, ¿escribió además textos futboleros?
M: Alguna vez contó que en la escuela secundaria, durante un picado: "se paró un gordito a mirarme jugar. Yo jugaba bien y así lo conocí: era Homero Manzi". Homero y Julián eran quemeros, en la biografía sumamos el poema inédito: "Huracán". Su libro La musa mistonga incluye los poemas futboleros "Polirritmo dinámico en homenaje a Burgueño" y "El hincha". Se dice que a inicios de los '70 trabajaba el texto "La Musa del tablón", con el idioma de la tribuna.


Fuente: Telam.

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