ESPECTACULOS

Los extraordinarios relatos de Aurora Venturini inspirados en la memoria

Con el estilo mordaz e incisivo propio de su prosa, reúne en Cuentos secretos relatos atravesados por una atmósfera extraña donde circulan la violencia, la muerte, la soledad y llega, a veces, a caracterizaciones monstruosas condensadas en una ficción, reflejo de una realidad que la autora percibía como hostil.

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Cuentos secretos es el último libro que se publica de esta prolífica escritora que murió recientemente -el 24 de noviembre pasado a los 92 años- y que, a lo largo de su vida escribió más de 40 obras entre las que se incluye narrativa, poesía y ensayo.

Autora de Nosotros, los Caserta, El marido de mi madrastra y Los rieles, entre otras obras, trascendió tardíamente al mundo de las letras al obtener el premio otorgado por Página 12 por su novela Las primas, de la que dijo en su momento: Las primas soy yo. Es mi familia. Nosotros no éramos normales. En casa todas mis hermanas eran retardadas. Y yo también".

Este corpus de cuentos, editado porRandom House, reúne cuatro títulos que se inician con "Espécimen" e incluye el cuento "El patio", donde un narrador en primera persona relata desde el punto de vista de un niño la soledad que siente en medio del mundo adulto, en el que deambula sin que nadie le preste mayor atención y busca refugio junto a los animales que lo rodean, de los que percibe que hasta llegan a hablarle.

Para lograr esta atmósfera Venturini echa mano a descripciones y adjetivaciones arbitrariamente bellos: "No nos tuteábamos entre conocidos ni con los parientes. Esta lejanía no nos dejaba evadir de un silencio caminante con pasos de felpa que entraba a nuestras entrañas y ahí se quedaba...Al abrir las puertas de las casas...salía olor a comida triste, a bebida triste. Todo cuanto salía de esas viviendas...era penoso", se lee en el libro.

En este y otros cuentos, la belleza del texto está dada por la mixtura del discurso lírico -propio de la poesía- y del coloquial, acompañados por el tono con el que la escritora relata en un mismo registro lo banal o superficial y lo trágico, descolocando al lector.

"Bullía mi imaginación en poemas dedicados en silencio a don Osvaldo. El largo lamento de la sirena policial interrumpió un monólogo interior. Los vigilantes abrieron la puerta de la casa de enfrente, descolgaron a la ahorcada arrojándola a la parte posterior de la camioneta porque no la pudieron sentar, el rigor mortis".

El libro reúne además seis cuentos bajo el título "Jerom a Babalú. Año 2978" que, envueltos en un clima iniciático, relatan el origen de la raza negra representada en un niño y su abuelo, protagonistas de estas historias en las que cuenta los vínculos de este pueblo con la música y el sometimiento que soportaron a través de la historia.

"Veo a los negros muy tristes rogando a los blancos que los dejen acercar solamente..., los blancos les construyen barrios negros como la piel de los peticionantes y en los sótanos les ponen ratas, culebras y musarañas; hace frío. Es invierno. Y la ropa haraposa y húmeda. De caminar para pedir, los pies sangran. De gritar para pedir, están mudos."

En "Especímen", Venturini construye un personaje cercano a lo deforme y monstruoso, al que compara con una lechuza que todo lo devora: "El avechucho llenaba el buche con pasta al tuco o milanesa y papa fritas. Siempre tragaba un cuarto de vino tinto. Rolaba la temible testa a diestra y siniestra, de pronto atrás, sin mover su corpachón", dice en el texto, característico de la pluma de Venturini.

Ese personaje representa a la oligarquía que según confiesa "se le fue la mano" y llegó a matar a su madre, hecho por el que es acusada por una integrante de la servidumbre a la que echó de su casa.

En este delirante relato que por momentos mueve a risa, sabremos que la ferocidad de este personaje -al que describe como hermafrodita- se sacía comiendo fetos e integra una siniestra pareja junto a una neonatóloga que se los proporciona.

En "Náuseas" inicia los relatos con "El rincón", una historia desopilante sobre una pareja integrada por Nacho Macho Vélez y Chila, donde lo cómico tiene su correlato con el discurso en el que prevalece lo cómico y disparatado.

"Generalmente la trifulca devenía meses después de haber parido a la hembra, dado que durante la dulce espera Chila se mantenía pacífica y sonriente, sin dejar de copular. Sus nonatos, tres varones, aparecieron chatos y hubo que masajearlos para que se inflaran", narra.

Venturini también incluyó en el corpus de cuentos uno dedicado a Jorge Luis Borges, quien en 1948 le entregó el premio Iniciación, por su libro "El solitario".

"La cárcel de Borges será su ceguera, castigo de los dioses, por insistir inclusión entre ellos. Después de todo, entiendo que los dioses temieron ser superados por el humano superior, le quemaron los ojos. Fue injusta acción cobarde. Debieron permitir al genio ascender a ese Olimpo del cual se habla", dice en "Los tigres de Borges".

Sin duda, la escritora buscó con este relato homenajear la figura del célebre escritor argentino, adorador de tigres a los que representó en muchos de sus cuentos.

Fuente: Telam.

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