ESPECTACULOS

Hasta que te encuentre

En Hasta que te conocí, el escritor y psicoanalista Luis Gusmán ensaya una suerte de thriller escandido por una serie de historias de amor condenadas al éxtasis y al olvido, duplicación sobre la cual también teoriza en dos ensayos, La ficción calculada II y Barthes, un sujeto incierto, que de alguna manera se anudan sin completar ninguna unidad.

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La novela, publicada por la editorial Edhasa, precede a los ensayos, publicados por lasediciones Godot.

Gusmán nació en Buenos Aires en 1944. Es parte del consejo de redacción de la revista Conjetural. Entre sus libros, El frasquito, Brillos, Cuerpo velado, En el corazón de junio, Tennessee, El peletero, La música de Frankie, Villa, Los muertos no mienten, La rueda de Virgilio y Epitafios.

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

T : Dos textos ensayísticos y una novela, Luis. Según leí, te divierte mucho escribir, ¿incluso textos que no siempre son alegres? ¿Cómo se rompe esa identificación con el escrito, si es que eso sucede?

LG : No creo que haya identificación. La acumulación de libros también se debió a contingencias editoriales. Creo que se está cumpliendo una cosa que dije hace mucho tiempo. Cuando no tenga más qué escribir, cuando la máquina textual se transforme en retórica me dedico a escribir sobre los otros. Esas imbéciles moscas; Barthes, un sujeto incierto; La valija de Frankenstein; Los otros Kafkas (artículos nuevos sobre Kafka). Las ficciones calculadas revelan, indican, ese desplazamiento. Como si me reservara para mi última novela: Dos extraños. Me parece un buen título para uno y el doble, el original y el imitador. Sí, me divierto más escribiendo ficciones, el obstáculo viene después que uno las escribió. Es la corrección. En cambio, en el ensayo de los escritores administro la imaginación.

T : En la novela, volvés sobre algunos personajes de Tennessee. ¿Qué cosa creés que te empujó a retornar sobre los hilos de aquella historia?
G : La fatalidad de la lengua. Los personajes se impusieron a mí. Cosa rara en mi literatura. Nunca me había pasado. Los personajes se autonomizaron. Siempre me sorprendió la declaración de Graham Grenne sobre Scobie, el comisario de El revés de la trama: “Yo no pienso como mis personajes”. Incluso, ya que hablas de la identificación, si la hubiera hay un vacío. Me gustaría seguir con los personajes de Hasta que te conocí.Walenski parece el único sobreviviente. Y si a lo Puig me animase a contarlo desde la voz de una mujer, Lucero pareciera tener una vida por delante. Clara también podría llevar a un desenlace posterior. Pero me resultaría artificioso, no del artificio, sino de lo poco creíble.

T : Es cierto lo del enigma, que en la novela se destrabaría un enigma, pero ¿no pensás que la construcción de ese enigma es finalmente que no haya enigma?
G : Sí. En Hasta que te conocí no hay una resolución clásica del enigma en el sentido clásico y más trágico como el de Edipo: enfrentarse a la esfinge, destruirla y destruirse con ella. Creo que se trata de sostener el suspenso durante toda la narración. Quizás la novela se parece más a la vida. Son más las cosas que permanecen irresueltas que las otras. A veces sin saber por qué. A Silvio lo pudo matar cualquiera -tampoco importa mucho encontrar al culpable más allá de las declaraciones pomposas y estridentes del inspector Bersani. La narración progresa por el malentendido. Entonces el enigma es posible que consista en que no haya enigma. O al menos no se lo devele.

T : ¿Y no es esa la clave de la escritura de un diario personal?
G : Cada diario personal es un enigma que parece revelar la vida del autor, lo clandestino, lo que no se contó en la ficción, las obsesiones, las claves de la obra. Los mayores secretos, lo inconfesable. Los hay de una transparencia absoluta como lo contrario, de una oscuridad inquietante. El escritor, en todo caso, si hablamos del enigma, es alguien que cree con una lucidez (El diario de Renzi, para el caso) apabullante o de una inocencia asombrosa, que el enigma devela escribiendo. Como parafraseando a Kafka al final de su diario: tengo mis armas. Gide decía: escribir es poner algo a salvo de la muerte.

T : ¿Quién era, a tu juicio, Roland Barthes? Su concepto de lo neutro parece lo contrario de la fijeza. Eso creo que puede apreciarse en el diario que lleva cuando viaja a China. ¿Cuál es tu opinión?
G : Barthes es un escritor que por suerte se contradice. Podemos encontrar que hay ensayos en que afirma una cosa que en otros niega. Pero creo que es una obra en movimiento. Siempre trata de disolver mediante su método preferido, avanzar por la interrogación, evitar cualquier cosa que obture, o clausure el discurso y que lo institucionalice: eso lo declara cuando pronuncia la Lección inaugural en el Colegio de Francia. En esa ocasión se define como un sujeto incierto. Y dice que en sus ensayos la escritura disputa con el análisis. En esa tensión crítica escribe su obra.

T : Barthes por Barthes, ¿es un ejemplo, desplazado, de diario personal o de novela familiar, o de ninguno de los dos?
G : Podemos decir que Barthes por Barthes es un género inédito; pertenece a la novela familiar, al diario personal, yo agregaría a la fijeza del álbum. Yo digo en un libro que va  a salir que es una autobiografía teórica. Un género muy difícil de lograr. En ese libro avanza por pequeñas preguntas que se corresponden con breves fragmentos, halkus. Un libro excepcional. Pertenece también al medallón, al retrato, a las fotos de Estudio.


Fuente: Telam.

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