ESPECTACULOS

La justicia y la fe se cruzan en La ley del menor

Justicia y fe, los dos temas se conectan en La ley del menor, la última novela de Ian Mc Ewan, quien en pocos trazos plantea los dilemas que se le presentan a una jueza del Tribunal Superior involucrada en el caso de un joven Testigo de Jehová.

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El Testigo, enfermo de leucemia, que no quiere recibir una transfusión para salvar su vida: a lo largo de la trama la decisión tomada superará el plano legal para incluir una perspectiva inesperada -la de los sentimientos- , un recurso utilizado por el escritor británico en sus obras.

Especializada en derecho de familia, Fiona Maye recibe un cimbronazo cuando su esposo Jack le pide permiso para tener una aventura efímera con una joven, una manera de recuperar la efervescencia amorosa perdida en este matrimonio de sesentones.

Frente a la negativa de la jueza, él se va de la casa y ella vuelve a su parsimonia habitual y a retomar su trabajo sin signos exteriores de lo que comienza a bullir en su interior.

Además del Testigo de Jehová, Adam Henry, que al momento del fallo todavía no ha cumplido 18 años, Fiona dicta justicia en otros casos como el de un matrimonio judío divorciado: el padre ortodoxo intenta inculcarles a sus hijas una educación inflexible y acorde a sus creencias mientras la madre se inclina por brindarles más posibilidades.

Y el caso de un matrimonio católico con dos gemelos recién nacidos que comparten órganos, que se niega a autorizar la muerte de uno de ellos -condenado de antemano a la muerte- para que el otro pueda vivir de manera autónoma.

"El bienestar del menor será la consideración primordial del juez dice la Sección I (a) de la Ley del Menor (1989)", esta premisa es la que tiene en cuenta Fiona al momento de tomar una decisión que la lleva a visitar al joven religioso en el hospital.

La intransigencia de Adam por atender los argumentos de la jueza se ve mitigada cuando ésta comienza a hablarle de poesía y termina por cantar una bella canción que él interpreta en violín, una melodía sobre la insensatez del amor.

"No ha sido fácil resolver este asunto. He tenido muy presente la edad de Adam, el respeto que debemos a su fe y la dignidad del individuo que reclama su derecho a rechazar un tratamiento. A mi juicio, su vida es más preciosa que su dignidad", dice la jueza, quien entabla con el menor una relación espontánea que se bifurca del camino del derecho.

Paradójicamente, la decisión de la jueza provoca el alivio de los padres y el paciente, siempre fieles a los preceptos de su fe.

Entre otros libros, Mc Ewan ha publicado El placer del viajero, Niños en el tiempo (Premio Whitbread y Premio Fémina), En las nubes, El inocente, Los perros negros, Amor perdurable, Amsterdam (Premio Booker), Expiación (que ha obtenido, entre otros premios, el WH Smith Literary Award, el People's Booker y el Commonwealth Eurasia),Sábado, Chesil Beach, Solar y Operación Dulce.

Escrita en tercera persona, la novela utiliza los argumentos precisos y la documentación que acompaña siempre los libros de Mc Ewan, adonde detalla hasta en los mínimos detalles la idiosincrasia de los Testigos de Jehová.

Luego de su proclamación de independencia, el marido de la jueza retorna al hogar sin haber concretado sus deseos y Fiona lo recluye en el cuarto de huéspedes. Este punto de inflexión en el matrimonio es acompañado por un giro en la conducta de Fiona relacionado con el vínculo que establece con el joven Testigo de Jehová antes del fallo.

Ella seguirá impartiendo justicia con la idoneidad que la caracteriza pero en su interior algo se ha resquebrajado y aunque trata de huir de Adam, éste la sigue hasta dar con ella.

La vida real impone sus propias reglas, que no se ajustan a derecho y Adam ya no puede ver a Fiona como una jueza aséptica, sino como alguien muy cercano. Un contrapunto parece dibujarse con los ímpetus primaverales de Jack el marido y el hecho de que el joven haya bajado a la jueza de su pedestal.

"Adam había ido a buscarla y ella no le había ofrecido nada en lugar de la religión, ninguna protección, aun cuando la ley era clara, su consideración prioritaria era el bienestar del menor".

Lo que aparece encorsetado a través de leyes o creencias se desploma en un suspiro e invierte el curso de los acontecimientos, con un desenlace absolutamente impensado. "Pensó que sus responsabilidades terminaban dentro de las paredes del tribunal. Pero ¿cómo podían terminar allí? Él fue a buscarla, quería lo mismo que quiere todo el mundo y que sólo podían darle los librepensadores no los seres sobrenaturales. Un sentido".


Fuente: Telam.

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