ESPECTACULOS

De animales a dioses, el bestseller del poder y la insatisfacción humana

El historiador israelí Yuval Noah Harari, de visita en la Argentina tras un itinerario que lo tiene recorriendo el mundo con el éxito de su libro De animales a dioses, en el que traza una breve historia de la humanidad al ritmo de tres revoluciones -cognitiva, agrícola y científica-, sostiene que el próximo gran cambio será en los cuerpos y las mentes, y que la mejor forma para comprender la trama social es "ver la relación entre poder y felicidad".

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Hace 70.000 años la historia declaró su independencia de la biología con la revolución cognitiva, 12.000 años después la agricultura marcó otra transformación, que además supuso imaginar el futuro. En los últimos cinco centenarios, la ciencia descubrió la ignorancia, y en 50 o 200 años, anticipa Harari, llegará otra revolución: "Ya estamos adquiriendo capacidades que eran consideradas divinas, vamos a ser reemplazados por seres diferentes".

ADN mutados, cyborgs -seres que combinan partes orgánicas e inorgánicas- o incluso especies exclusivamente inorgánicas serán el pináculo de la revolución del futuro, protagonizada por los cuerpos y las mentes. "No es una película de ciencia ficción", advierte el israelí, más bien, dice, será fruto de una fusión: la de humanos y tecnología. "Será la revolución más grande de la humanidad y de la biología", sostiene en entrevista con Télam.

"Mi punto de vista -se explaya sobre sus predicciones tan aplaudidas por lectores de todo el mundo- es que los seres humanos están en proceso de convertirse en dioses. `Dios creó a los hombres a su deseo...` dice la Biblia y ahora nosotros creamos seres vivientes de acuerdo a nuestros deseos. Es probable que en el siglo XXI los productos principales de nuestra economía no sean comida, armas o vehículos, serán cuerpos, cerebros y mentes".

Con De animales a dioses (Debate), una provocadora y entretenida obra de difusión histórica sobre la humanidad traducida a 30 idiomas y con un gran éxito de ventas, este profesor de historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén se aleja del retrato complaciente de los homo sapiens y más bien recorre, como él mismo define, "dos historias, la del poder y la felicidad" y su mutua relación, una balanza que casi siempre se inclina hacia el lado de la insatisfacción.

"Muchos libros de historia se enfocan únicamente en el poder a través de la ciencia, la agricultura, la colonización, el imperialismo o en individuos particulares, como Hitler. Pero pocas veces cuentan la forma en la que el poder afecta a la felicidad. Y pocas veces toman diferentes puntos de vista: las historias no son buenas ni malas, se usan en ambas sentidos y depende desde dónde las mires".

El relativismo de Harari tal vez explique los aplausos que recibió este libro de divulgación histórica en muchos lugares del mundo –más de 300.000 ejemplares-, en el que desmonta mitos y religiones, y aquella anacrónica, aunque vigente, idea de que el progreso es una línea recta hacia el éxito garantizado. La clave, insiste, es esa dupla de poder y felicidad. "Muy seguido vemos que más poder no se traduce en mayor felicidad".

Se refiere a que "la felicidad no depende únicamente del poder sino de las expectativas subjetivas. Y el problema es que a medida que nuestras condiciones de vida mejoran (más alimentos, medicamentos, vehículos) también aumentan las expectativas. De modo que no importa cuánto tenemos, siempre queremos más. Y tal vez la raíz del problema es que a la mente humana el logro y placer no le suponen una satisfacción, sino que la satisfacción es querer más".

Y de la insustancialidad de la felicidad y el regocijo por más expansión, escala directa a la dominación. "En los últimos miles de años conquistamos todo el planeta y lo hemos cambiado para que encaje a nuestros deseos. En ese proceso, destruimos y mucho. Por ejemplo, más del 90 por ciento de los animales grandes son humanos y animales domesticados, es decir, animales que controlamos completamente", grafica el israelí.

Con la revolución científica, hace 500 años, llegó el descubrimiento de la ignorancia porque “las personas consideraban que tenían respuestas a las preguntas importantes de la vida en las escrituras sagradas en los sabios” y con la ciencia “apareció la idea de que si obtenemos más conocimientos, obtenemos más poder”.

Harari está convencido de que el poder de los homo sapiens puede solucionar la guerra, la pobreza y la muerte. Sucede que “la ciencia dice no; nuestros problemas son técnicos, faltan decisiones políticas”, señala y ejemplifica con algo que para él es una fuerte deuda: el calentamiento global. “Estamos en peligro de que todo lo que hemos acumulado distorsione el equilibrio del mundo, hasta tal punto que va a poner en peligro nuestra supervivencia”.

Dioses, naciones, dinero, derechos humanos, leyes y religiones, todas ellas son ficciones, realidades inventadas por la mente del hombre. "Los humanos dominaron la tierra porque es el único animal que puede cooperar con muchos seres y en forma flexible. ¿Cómo se relaciona eso con la imaginación? -despeja Harari- Si nos preguntamos qué permite esa cooperación, la respuesta es: una historia imaginada".

"Los derechos humanos – sostiene- son una ficción, una buena sí, pero no hay una realidad biológica de que el homo sapiens tiene derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Es tan solo una buena historia que nos hemos contado. En el campo económico, el dinero es probablemente la historia ficcional más exitosa. Un billete no se puede comer ni tomar, pero tiene sus grandes cuentistas: banqueros, financistas, banqueros.

¿Cuál es entonces la gran ficción que domina la actualidad? "La historia del capitalismo", responde convencido Harari sobre esa "ficción de que si tenes un problema vas a necesitar más cosas y para tener más cosas tenes que producir más". O más claro: "La historia ficcionalizada de cómo llegar a la felicidad".


Fuente: Telam.

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