ESPECTACULOS

¿De qué se habla cuando se habla de afluenza?

La psicoanalista, ensayista y editora Damasia Amadeo de Freda explica de qué se está hablando cuando se habla de afluenza, un padecimiento de sujetos altamente satisfechos y paradójicamente, desesperados acaso por haber encontrado lo que por tanto tiempo buscaron.

Responsive image
Share on Google+




La especialista es miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Conversó con Télam.

T : ¿Por qué cree usted que la noción de afluenza, que en principio no aparece en ningún manual diagnóstico, recuerda vagamente a la de influenza?
DA : De hecho, el término mismo es un neologismo formado a partir de las palabrasafluencia -como riqueza- y la que usted menciona: influenza, que es un virus, una forma de gripe que puede llegar a ser letal. La afluenza sería una amalgama entre laabundancia y sus consecuencias patológicas, cuyo resultado es una enfermedad. No deja de tener interés lo que se dice sobre ese fenómeno, aunque no contamos todavía con una casuística muy precisa.

Se considera a la afluenza como una enfermedad de los nuevos ricos y de transmisión social. Ahí tenemos ya la vinculación con la influenza, la cual es altamente contagiosa, aunque en ella la transmisión no es social sino individual, y principalmente por las vías respiratorias. Como usted dice bien, la afluenza se trata de un síndrome que no figura en los manuales de clasificación psiquiátrica, como puede ser el DSM. Que no figure aún no significa que no vaya a figurar a corto o a mediano plazo, y por diversas razones. En primer lugar, porque el mundo actual tiende a clasificarlo todo, y cuando se trata del sujeto, hay un afán por catalogar a todo precio su potencial disfuncionalidad. En segundo lugar, por los mismos motivos que se adjudican como estando en la base de dicho comportamiento social, al cual, sugestivamente, se lo considera una enfermedad que afecta a los hijos de los nuevos ricos.

T : ¿Es posible decir o argumentar que el discurso capitalista podría suponérselo en la base de dicho síndrome?
DA : Es justamente lo que argumentan, que se trata de un síndrome producto del discurso capitalista. El término surge a mediados del siglo XX, pero se hace popular gracias a dos libros de final de siglo, cuyo uno de sus autores es una psicóloga norteamericana, bisnieta del presidente de la General Motors. Seguramente, esa mujer algo sepa de las penas de los niños ricos. La afluenza es el resultado de un conjunto de síntomas tales como el despilfarro, la insatisfacción, la voracidad económica, el endeudamiento.

En fin, un circuito en el que bien puede caer el sujeto contemporáneo, quien fácilmente se ve engullido por el discurso capitalista. Al estar ese síndrome estrechamente ligado a ese discurso, entiendo que es altamente probable su expansión, y que es especialmente contagioso en una franja de la sociedad. Aunque, a diferencia de la gripe influenza, que se expande sin control, particularmente allí donde el mundo está más desamparado; de manera inversa, la afluenza parece prender más y mejor en el mundo de la abundancia. Aunque también hay que considerar cierto lo que dice el psicólogo británico Oliver James, cuando advierte que la enfermedad se expandirá mayormente en los países con grandes desigualdades.

T : ¿Cómo pensar este padecer de niños ricos con la caída del Nombre del Padre?
DA : Es muy buena su pregunta, porque la afluenza o enfermedad de ricos, que ataca a los niños y adolescentes, principalmente, va de la mano del apogeo del capital en la familia. Lo que viene a sustituir al significante del Nombre del Padre, aunque más no sea dentro de un pequeño reino familiar, es la forma que asume el capitalismo actual, donde lo que reina es el dinero y las leyes son las del mercado.

El serio problema que podemos ver hoy, y que reflejan bien algunos casos resonantes deafluenza, es la perversión que puede producir esta subversión del orden. Tal es el caso del adolescente de dieciséis años, hijo de una de las familias más adineradas del estado de Texas. El caso volvió a ser noticia recientemente, al ser detenido en México escapando junto a su madre y violando una ley que ya venía mal barajada. Sucede que a los trece años de edad, luego de haber arrollado con su auto, en estado de completa ebriedad, a varias personas y matado a cuatro de ellas, el juez decide rebajarle la pena de veinte a diez años de prisión en suspenso gracias al diagnóstico de afluenza del perito de parte, por considerarlo no siendo capaz de medir ni comprender las consecuencias de sus actos. Esa sentencia no hace más que reflejar la connivencia entre la justicia, la pericia y el poder económico, siempre dispuesto a comprarlo todo.

En ese sentido, la afluenza es doblemente nociva y peligrosa; porque, a la enfermedad en sí, se le suma el uso que se hace de ella. La caída del Nombre del Padre no es la debilidad del padre de familia, no se trata de un problema de actitud ni de temperamento. La caída del significante del Nombre del Padre, en tanto ley, es producto de una modificación más compleja, pero lo que es seguro es que a ese significante en declive puede sustituirlo uno nuevo. En esta época, donde reina el capital, el cual no tiene rostro y por lo tanto, es inaprehensible y puede hacer fácilmente a su antojo y siempre para sus propios beneficios, el dinero puede muy bien venir en reemplazo del Nombre del Padre como significante de la ley.

T : ¿Qué lectura de este fenómeno puede hacerse desde el psicoanálisis de orientación lacaniana?
DA : Creo que la noción de discurso de Lacan es muy orientativa para pensar este fenómeno. Entre los discursos que Lacan conceptualizó, se encuentra el discurso capitalista, que es una modificación del discurso del amo. Para el psicoanalista es fundamental saber que el discurso del inconsciente, cuya estructura se corresponde con la del discurso del amo, no se opone al discurso capitalista. El problema está en que el discurso capitalista se encastra muy bien en el discurso del inconsciente. El inconsciente también es voraz, porque no se sacia nunca y por lo tanto, pide cada vez más y está siempre insatisfecho. La idea de Lacan es que el ser humano, por el simple hecho de hablar, padece de una discordancia insalvable entre el objeto al que aspira y su irremediable falta de satisfacción, la cual se hace particularmente presente cuando se obtiene el objeto anhelado. Por eso mismo es que el ser humano es tan susceptible de ser atraído hacia ese circuito infernal que propone el discurso capitalista y del que da cuenta este nuevo síndrome llamado afluenza. Pero también está el discurso psicoanalítico. El psicoanálisis es también uno de los discursos, como los otros antes mencionados. Y ahí está la diferencia fundamental. Para Lacan, y para el psicoanálisis de esa orientación, la idea de que el discurso psicoanalítico conlleva una subversión del sujeto, es de una enorme potencia. El discurso psicoanalítico aspira a una subversión subjetiva frente a ese circuito insaciable que comanda al sujeto por el hecho de hablar, y que el capitalismo sabe explotar tan bien.

Respecto de la afluenza, bien podría considerársela como uno de los nuevos síntomas de la época. No por nada este síndrome se va instalando cada vez más en el discurso corriente, como tantos otros síntomas nuevos que luego pasan a nutrir los catálogos psicológicos y psiquiátricos. Pero es importante decir también que la clasificación es la otra cara de lo mismo. Es el resultado de una política de la salud mental a menudo cómplice de lo que sin embargo denuncia, como es el caso de esta patología. En cambio, el psicoanálisis trabaja en sentido contrario, su tarea es la de desclasificar al sujeto, la de permitirle encontrar su diferencia absoluta, aquello que lo distingue del conjunto. El psicoanálisis propone tratar por la palabra aquello de lo que se sufre fundamentalmente, que es el hecho de estar condenado al mundo de las palabras. El psicoanálisis acompaña al sujeto en la búsqueda de sus deseos inconscientes más genuinos, los cuales, paradójicamente también, están hechos de lenguaje, pero sólo por ser inconscientes lo hacen sufrir y lo tienen atenazado.


Fuente: Telam.

www.agendauno.com.ar - info@agendauno.com.ar
San Martin 623 – 2do. Piso – Ofic. 1 - Tel 422-0217
San Miguel de Tucumán - Tucumán, Argentina - C.P. 4000