ESPECTACULOS

El arte de la propiedad privada

No soy el único sorprendido por los cambios de los estándares de la estética en el arte. Eso es cierto. El arte ya no se encuentra en los museos, se encuentra en paredes, en la calle, en fundas de teléfonos, en playeras, se encuentra en cualquier sitio y con una accesibilidad al público en la que el paralelismo audiencia-arte nunca antes se había vivido.

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Desde la imprenta masiva el arte ha sido polarizado a un producto y esto, por supuesto, deja atrás el tiempo y la técnica dedicadas en obras de arte. Desde los discursos de la fenomenología hasta los discursos de solipsismos se ha justificado la subjetividad absoluta del crítico de arte.


El nacimiento de lo kitsch, del arte Pop, de la misma reproducción del arte de la que nos habla Walter Benjamin. Lo podemos ver en todos los ámbitos artísticos, desde la puesta en escena de las óperas o los vinilos, hasta la producción de los CD-s. Incluso el cine ha sido más veloz en su reproducibilidad.


A finales del siglo XIX, el modernismo comenzó a gestionarse, lo que significó el auge de un nuevo discurso artístico: creatividad sobre técnica. En las vanguardias tendremos el discurso de la deformación en la que el cubismo permitirá las críticas polémicas del dripping de Pollock o el neo-cubismo de Rothko. Arte sencillo en el que se necesita una explicación de por qué el artista hace lo que hace. El arte se deja de explicar por sí mismo.  


De los carteles de Henry de Toulouse-Lautrec a los de Alfons Mucha, el modernismo, en efecto, nos habla de un nuevo concepto de la propiedad privada. Arte que comienza siendo práctica y al mismo tiempo estética para poder reproducir con fines de  publicidad, que ésta es, necesariamente, capaz de una reproducción masiva. Hoy lo podemos ver en cualquier anuncio que se pueda considerar realmente artístico, en su mayoría están hechos como cortometrajes, algunos son un porquería pero hay algunos eficientes en su producción y alcanzan un estándar estético. Estos vídeos los podemos encontrar en youtube y reproducirlo la cantidad de veces que sea necesario. Lo cual nos adentra a los nuevos movimientos artísticos y su reproducción inmediata.    


El último postor, la película de excelencia sobre los coleccionistas de arte nos, muestra la admiración a piezas artísticas incapaces de su reproducción y aquél mundo es complicado y con un trámite burocrático complejo y corrupto. El arte de genuina simplicidad es incluso fácil de imitar como un imitador amateur. Desde caricaturistas de tiras cómicas a los conceptos contemporáneos como las caricaturas de Jamie Hewlett para su banda virtual de gorillaz o su cómic  Tank Girl son ilustraciones con sencillez y fáciles de reproducir.  


Los lienzos y los pinceles han sido reemplazados por un vastos  materiales, desde la pantalla de MTv en la que apareció Gorillaz, una cámara, aerosoles, computadoras, paredes, asfalto, vidrio, café. etc. Los nuevos conceptos artísticos tienen un nuevo concepto de estética. El mismo concepto de estándares estéticos en las mujeres y en los hombres ya no se trata de vestimentas estrafalarias con corset o corbatas: se han convertido en playeras y jeans rasgados.


El propósito del ornamento ya no se trata de catedrales o iglesias, se trata de paredes blancas que buscan decorar espacios hogareños con un fin; la sala debe de ser cálida para las visitas, el comedor puede ser mas frío. 


Después de las vanguardias nos adentramos a piezas artísticas con el discurso de que todo el mundo puede ser un artista aunque esto no sea cierto, es un discurso sustentable según los críticos que han abogado por las piezas de Duchamp como una genialidad o el ilusionista Leandro Elrich como un virtuosos o la sátira de Piero Manzoni han permitido el hecho de que un nuevo concepto sea considerado arte.


Por último, lo kitsch, relacionado a la sustentabilidad económica del consumidor de arte, es lo que ha permitido la velocidad del artista al promover su firma en el lienzo de la servilleta da un nuevo salto al estándar del museo. Ya no es necesaria la galería debido a que es más importante el autor que las piezas, es más importante el prestigio de la genialidad que la verdadera genialidad. Las obras contemporáneas nos hablan de museos que son conceptos, desde el arte invisible que ganó un cheque de cinco cifras en dólares y la misma mierda de artista de Piero Manzoni, el discurso de que todo el mundo puede ser un artista es correcto, no obstante, se sigue necesitando de un sentido de sátira y creatividad para revolucionar y tergiversar los conceptos.


Fuente:Culturacolectiva.

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