OPINIÓN

La Meritocracia. Reflexiones sobre una ideología falaz.

No todo lo que tenemos es los que nos merecemos.

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Reflexiones sobre la Meritocracia

por Juan Serra


Por distintos medios en estos últimos días se ha polemizado sobre la palabra  Meritocracia. La puso sobre el tapete una propaganda de autos que insta a “vivir en un mundo donde cada persona tiene lo que merece y el que llegó, llegó por su cuenta sin que nadie le regale nada”.

La propaganda es entradora, contiene todos los códigos para convencer al consumidor que comprando determinado producto, conseguido con el esfuerzo personal,  puede ser muy feliz. Pero además lleva un mensaje que refuerza la primera tesis, muy cuestionada por cierto, que se enseña en las facultades de ciencias económicas de todo el país: el hombre es un ser individual y como tal se comporta en la sociedad; que le vaya bien (o mal) en la vida depende de sus méritos, de su esfuerzo, de su capacidad, de su habilidad para tomar buenas decisiones. 

Nadie puede negar la importancia del esfuerzo individual, pero estaríamos hablando de un mundo ideal, inexistente, si no tenemos en cuenta los condicionantes sociales-económicos-culturales con los que cada uno llega a esta vida y le toca después lidiar.  

El tema no es trivial, más bien diría que es vital, y merece una reflexión, porque está muy relacionado a cómo pensamos que debe organizarse nuestra sociedad: si como una selva donde triunfan los más aptos (meritócratas), o como una comunidad más solidaria donde el triunfo personal va atado al triunfo de todos. Y es sabido que de acuerdo a cómo pensemos, luego actuaremos.

Tal vez para entendernos mejor sirva un ejemplo
Supongamos una carrera de 1000 metros llanos, donde todos tienen oportunidad de participar, donde no se exige ningún requisito salvo ser ciudadano argentino: libre inscripción y una pista igual para todos. Desde la línea de largada hasta la bandera de llegada todos son iguales, todos tienen la misma oportunidad y los primeros serán premiados. 
Imaginemos que en la línea de largada están los 47 millones de argentinos, algunos de a pié y muy atléticos, otros en autos, otros en helicópteros, otros en sillas de ruedas porque son discapacitados, hay mujeres, algunas embarazadas, algunos gorditos excedidos de peso, niños, ancianos, flacos mal alimentados, enfermos, no videntes, algunos en motos, varios con muy buen calzado deportivo, otros descalzos, en fin, en la línea de partida están todos los ciudadanos tal como viven la vida real.

Largaron! Usted lector, ahora también como observador de la carrera, a los diez segundos de la largada se dará cuenta que se trata de una carrera despareja: el que salió en helicóptero estará casi llegando y el que va a pie estará recién saliendo. Aquí hay algo más que la voluntad y capacidad de superación de. Sin dudas que hay condiciones que trae cada uno antes de la largada que harán que llegue más rápido o más lento, o que directamente no llegue.

Para los admiradores de la meritocracia lo que ocurrió antes de la largada no importa, al contrario, esas dificultades en la largada –dicen- son incentivos para que el participante se esfuerce más. No contentos con esa idea, los meritócratas redoblan la apuesta: sostienen que ayudar a los participantes más desfavorecidos es incorrecto, es intervencionismo (comúnmente llamado gasto público, subsidios, planes, etc.) y altera las leyes de la competencia.

Recapitulando entonces y volviendo a pensar en el ejemplo de la carrera y en el mensaje que se quiere transmitir con la palabra meritocracia. ¿Cómo creemos que se pueden lograr mejores modos de vida para todos? ¿Cómo creemos que una Comunidad es más sustentable? Usted decide.

Juan Serra

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