OPINIÓN

El primer Kircherista que rindió sus banderas ante el poder de la farándula

El decir, el pensar y el hacer deben tener una misma intencionalidad dentro de nuestro accionar social.

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El primer kirnerista que se rindió

José Ottavis, actual diputado nacional perteneciente al Frente para la Victoria, frente que integra el sector político del kircherismo al cual el pertenece, dio señales inequívocas de que perdió totalmente el rumbo y la coherencia política en estos últimos meses.

La campora, que es el sector interno del kircherismo de donde surgió como figura política Ottavis, siempre tuvo esa coherencia política en el decir, en el pensar y en el hacer, un pensamiento cuestionado por muchos y avalados por otros también muchos seguidores de esta agrupación.

Este sector juvenil se caracterizada por tener un trabajo social, reivindicando banderas sociales que ya se habían olvidado, como ser el de valorar a las mujeres en todos sus roles, laborales, militantes y de participación social, también se levantaban  banderas contra aquellas personas que hacían de estereotipos sociales un negocio sin importar a quien se hería o dañaba.

Este “aun” dirigente de la Campora, decidió romper en guijarros esas banderas y comprometerse afectivamente con una de las vedettes más frívolas y exhibicionistas que existe en los medios de comunicación, una mujer que hace un culto a su “desconocimiento del todo” por no decir que hace gala de su zonceras.

Pero no debemos juzgar ni criticar las decisiones amorosas que una persona pueda llegar a tener, simplemente en este pequeño artículo, nos damos cuenta de que las decisiones que una persona pueda tener en todos los aspectos de su vida, tiene una relación directa de cuál es su manera de ver al mundo que lo rodea. Una persona es lo que dicen sus actos, no lo que su discurso reza a las masas, Ottavis dejo ver a toda la ciudadanía qué es de aquellas personas que lo que dice no  los sostiene con sus actos.

Otras de las acciones que demuestran que este político referente juvenil perdió la brújula política, fue el dicho que replicó en un programas de chimentos, en el cual hacía referencia a que “ninguna persona honrada podía vivir de la política” no solo dejando entrever que él mismo no es un tipo honrado, sino más aún, que todos los que trabajan en la política son personas de oscuros ingresos, matando la posibilidad a creer que la política, que es la acción de buscar el bien común, es solo una pantalla para delinquir y no la posibilidad de llevar nuestra solidaridad a la acción.

Seguramente este joven dirigente, no estaba capacitado para sostener discursos sociales o políticos que su agrupación y su movimiento le exigían o no estuvo a la altura para esgrimir la coherencia que exigían estos tiempos políticos, tiempos donde su misma agrupación reclama la libertad de Milagro Salas, en donde a días de "Ni una menos" este dirigente, que se olvida que es diputado electo por el pueblo, se presta a las parodias de un conductor televisivo que lucra con la vanalización de la mujer y que en alguna ocasión escupió en la cara a uno de sus empleados por no pensar igual que él, demostrando que el patrón de estancia hace lo que quiere con sus empleados.

Jose Ottavis, se rindió, no pudo mantener en alto la bandera que le habían encomendado sus compañeros de militancia, aunque siempre es  tiempo para reivindicarse, una acción que sus propios compañeros tendrán que evaluar y considerar, pero también es cierto que hay lugares de donde jamás se vuelve, y ese lugar es el ridículo.

 

                                                                                                                                                                        Por Alvaro Trejo

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