OPINIÓN

La gran incógnita de cuando llegará el segundo semestre

Análisis político y social de uno de nuestros columnistas.

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El Misterio del Segundo Semestre

Por Juan Serra.


Estamos cerca de develar el misterio al que nos ha conducido el actual gobierno nacional sobre cómo será el pasar económico de los argentinos. Nos dicen que “todo lo bueno ocurrirá en el segundo semestre”

Sin duda hay quienes, recordando las famosas promesas incumplidas de “hay que pasar el invierno” ó “estamos mal pero vamos bien”, no dan crédito a la llegada del tiempo de bonanza prometido.

Pero también hay  otros compatriotas afectados por los tarifazos, la baja de actividad económica y el aumento de precios, que están contando los días con los dedos de la mano a la espera del semestre salvador.

Queda claro entonces, desde lo temporal, que “lo bueno” debería ocurrir a partir del primer día de julio. Un misterio menos.
Lo que aún queda por develar es a qué se refieren los gurúes económicos con “lo bueno”.

Si tomamos el pensamiento de la Vice Presidenta, Gabriela Michetti, “lo bueno” sería que gran parte de los argentinos, que durante los últimos doce años “vivieron medianamente bien”, se den cuenta que eso era una fantasía y que ahora deben volver a una calidad de vida menor, es decir a la que tenían en el 2003. Lo bueno para la Vice Presidenta no parece ser tan bueno para los sectores humildes y medios que mejoraron su calidad de vida durante el anterior gobierno.

Si creemos lo que dice el Ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, lo bueno sería la llegada de inversiones que dinamizarían la actividad productiva, generarían nuevas fuentes de trabajo y, sobre todo, bajaría la inflación. Para Prat Gay la baja de la inflación sería el índice estandarte de “lo bueno” en la nueva era de bonanza.

Por razones de respeto a nuestros compatriotas, vamos a tomar como más serias las palabras del Ministro de Hacienda, y vamos a considerar que la Vice Presidenta, al decir lo que dijo, estaba pasando una mala noche.

El misterio de lo bueno, entonces, para la actual conducción económica está atado a la baja de la inflación. Ya no importarán los otros indicadores económicos. Con una buena campaña mediática se reforzará en el sentido común la idea de que la lucha contra la inflación representa “la madre de todas las batallas”. 

Las preguntas que nos debemos hacer todos los argentinos, más allá de “la grieta”, o de si somos K, M ó R, son: ¿es acaso la inflación, un índice al fin y al cabo, manipulable al fin y al cabo, lo que determina “lo bueno” de nuestra calidad de vida? ¿Es bueno atar en nuestro imaginario la calidad de vida sólo al índice de inflación? ¿Puede bajar la inflación y bajar también nuestro poder adquisitivo? ¿Acaso no pasamos ya por períodos de muy baja inflación, Ministro Cavallo mediante, y terminamos en el infierno? ¿Tiene sentido una inflación baja con comercios cerrados y trabajadores despedidos?
Una cosa es cómo varían los precios y otra muy distinta es cómo varía nuestra calidad de vida, o nuestro poder adquisitivo.

Ocurre algo similar cuando decimos que un país anda bien porque creció el PBI (producto bruto interno) pero no decimos nada sobre a dónde fue a parar ese crecimiento, si a todos o solo a unos pocos.

Estemos atentos entonces. No sea cosa que el misterio del segundo semestre se resuelva, no por las medidas económicas concretas, no por las mejoras en nuestra calidad de vida, sino por la manipulación del sentido común, que pueda hacernos creer que bajando la inflación un punto “estaremos todos mejor”.

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