OPINIÓN

¿Cambiará “Cambiemos”?

Los resultados sociales, y ahora los electorales, no presagian un buen desenlace para "cambiemos"

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Por Juan Serra

 

El tiempo “pasa volando”: es una gran verdad.

En cuestiones políticas pareciera que la velocidad aumenta. Para el gobierno de Cambiemos podríamos decir que la velocidad se potencia, porque al final del tan mentado segundo semestre habrá un año electoral: el 27 de octubre del 2017 se realizan las elecciones legislativas nacionales para renovar la mitad de los Diputados Nacionales y un tercio de los Senadores Nacionales.

Las mesas de arena, los tableros de comando o “las planillas Excel” como sugiere el Ministro del Terror Aranguren, comienzan a temblar y producir grandes sacudones cuando se acercan las fechas electorales: “es la democracia”, dirán los más experimentados

Y tienen razón. La Democracia convoca periódicamente a votar. A la hora de votar lo que importa es la cantidad de votos. Para obtener muchos votos hay que seducir a los votantes. Y para seducir a los votantes hay que ofrecer “un producto atractivo”, “un regalo” que les guste.

¿Qué ofrecerá Cambiemos para las elecciones de 2017?

Para ganar las elecciones en el 2015 la alianza Cambiemos prometió que no devaluaría, que no aumentarían los servicios, que no habría despidos, que bajaría la inflación, que se eliminaría el impuesto a las ganancias, que lograrían pobreza cero, etc., etc. Todas demandas muy sentidas por los ciudadanos. “Si no lo prometíamos, perdíamos”, dijeron los dirigentes PRO. La estrategia fue exitosa porque la mayoría de los argentinos creyeron y confiaron.

Durante el primer semestre de 2016 Cambiemos hizo todo lo contrario a lo prometido. Para que este engaño no melle la confianza obtenida en el 2015 prometió que en el segundo semestre “estaremos mejor”. Esa promesa no convenció a los que vieron reducir su poder adquisitivo por las medidas de “sinceramiento”: comenzaron a dudar o directamente perder la confianza depositada. Léase pérdida de votantes.

Para el segundo semestre la alianza Cambiemos ya no ofrece “tiempos de bonanza” sino el tránsito “por un túnel oscuro”, al decir de la Vice Presidenta. “Túnel oscuro” significa mayores angustias económicas para los sectores medios y humildes. Una nueva confianza traicionada. Léase más pérdida de votantes.

Aquí el gran dilema. ¿Cuán largo será el túnel oscuro? ¿Y si la luz no aparece hasta octubre del próximo año? ¿Qué hará Cambiemos durante 2017 para que la oscuridad se transforme en luz, globos y alegría? ¿Qué hacer para que la reciente derrota electoral del PRO en Cruz del Eje no se viralice? ¿Tendrá el asesor Durán Barba algún as bajo la manga?

Si acudimos al Manual del Buen Político no hay muchos secretos: volantazo urgente, dar marcha atrás con las medidas antipopulares y sancionar otras más “populistas”. Léase recuperar votantes.

¿Querrán los CEOS, los grandes bancos, los grupos económicos concentrados, los “ganadores” del primer y segundo semestre, renunciar a parte de la torta para que no se produzcan sorpresas electorales?  ¿Los Ministros abandonarán las planillas Excel por un momento para revisar algunos manuales básicos de sociología? ¿Volverán los subsidios? ¿Reconocerá que se equivocaron, o que se apresuraron? ¿Habrá cambios en el gabinete? ¿Cambiará Cambiemos?

Para peor, o para mejor, según se vea, el capitalismo en su forma neoliberal más cruda impone el relato existencialista de vivir el presente a full sin pensar en el futuro. Dura contradicción, salvo que se piense que los argentinos “cambiamos” tanto como para creer que transitar por el  “túnel oscuro” produce felicidad en el presente.

En ese caso sugiero cambiar de metáfora por otra más amigable y divertida. En vez de “túnel oscuro”, pongamos cara con sonrisas para transitar por el “tren fantasma”.

 

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