OPINIÓN

De corruptos y traiciones.

¿Cuánto duele una traición, una desilusión, una derrota? ¿Cuánto daño produce? Análisis Político de uno de nuestros columnistas.

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Por Juan Serra


¿Cuánto duele una traición, una desilusión, una derrota? ¿Cuánto daño produce? En el amor, mucho. Como se trata de cuestiones personales, cada cual sabrá darle el valor justo, hará el duelo necesario y, como la vida va, seguramente habrá otros amores. Habrá también quienes lisa y llanamente dejen de creer en el amor: serán los menos. Siempre serán más los creyentes, los que se aferren a él para darle un buen sentido a la vida.

En política, el dolor de la traición supera la cuestión personal y afecta a los colectivos, ya sean partidos, movimientos, agrupaciones o ciudadanos sueltos. Después del dolor también habrá que hacer el duelo y seguir, porque aunque queden desilusionados en el camino, ninguna sociedad renuncia a buscar mejores modos de vida para todos, y eso es la política.

El caso del tucumano José López, importante funcionario del gobierno anterior detenido cuando intentaba ocultar bolsones con 9 millones de dólares, reaviva el debate político en el campo de las pasiones, las lealtades, la corrupción y las traiciones, y deja en un rincón el debate sobre los proyectos de gobierno, las leyes y las decisiones políticas que afectarán nuestras vidas de manera más duradera.

Pero así se presenta la realidad. En el escenario mediático cotidiano los reflectores se encienden para algunos temas, como la corrupción de José López, y se apagan para otros, como la corrupción de los Panamá Papers o la tremenda ley de “lavado encubierto” que hoy se discute en el Congreso bajo el título de “justicia a los jubilados”.

Con esa forma de comunicar e informarnos debemos lidiar todos los ciudadanos. No podemos esquivarla, casi que estamos obligados a tomar partido sobre una “agenda” que otros construyen. Y la agenda de hoy es la corrupción representada por el Ing. José López.

Que la agenda impuesta sirva también para “salir por arriba”, para sacar enseñanzas y mejorar.
Para el peronismo en general y el kirchnerismo en particular la noticia cayó como un baldazo de agua fría. Para el macrismo, como un baldazo de agua bendita.

Agudizará las luchas internas, las autocríticas, los reproches y los desmarques en el peronismo. Permitirá surfear un poco más por el “túnel oscuro” de una política antipopular al macrismo. Veremos a grandes corruptos hablar de moral y llorar de bronca a militantes honestos. Rasgarse las vestiduras estará de moda y cada cual deberá hacerse cargo de la parte que le toca. Y en un tiempo no muy lejano, para el ciudadano común el caso será historia y luego olvido. Lo bueno sería que no ocurra lo mismo para la dirigencia política.

Los movimientos populares tendrán que ver cómo mejorar la política y los mecanismos representativos para que aumente el control ciudadano sobre los candidatos y los altos funcionarios. También deberán trabajar sobre propuestas de políticas públicas que pongan fin a la “Patria Contratista” para transparentar las compras y contrataciones del Estado. En una palabra, tendrán que trabajar para mejorar la Democracia en los partidos y en los gobiernos.

Las nuevas corrientes políticas conservadoras deberán ir aclarando su ideario ético: su mensaje es confuso, pareciera que para la alianza Cambiemos hay “corruptos blancos” y “corruptos negros”, que es reprochable condenar la corrupción de “los gronchos” que llevan dólares humedecidos en bolsas de consorcio, pero se puede perdonar la corrupción de “la gente bien” que transporta sus dólares por la web hacia paraísos fiscales.

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