OPINIÓN

El colchón mullido de nuestra economía, se va enflaqueciendo cada día más debido a los ajustes. Enterate como.

La política económica de Cambiemos desinfla el colchón de beneficios con que contaban los sectores medios y bajos de la sociedad argentina

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Por Juan Serra

 

¿Para qué sirven los colchones? Para dormir dirán los más sensatos. Para guardar dinero dirán los desconfiados del sistema financiero. Para amortiguar un impacto, dirán los que están acostumbrados a sufrir golpes y caídas.
De estos últimos hablaremos, de los sectores sociales acostumbrados a golpes y caídas, aquellos que por sus ingresos económicos están en la franja considerada como clase baja y clase media.

Según informes de la consultora CCR, elaborados en base a datos oficiales y publicados a fines del 2015, sobre una población estimada en 40 millones de argentinos, solo el 5,5 % de las familias pueden considerarse de clase alta o media alta (2 millones de personas), con un ingreso familiar mensual promedio de $ 106.800.

El 94,5 % de las familias argentinas (38 millones de personas) integran la franja de clase baja y clase media. A estas se las puede subdividir de la siguiente forma:
- 17,2 % de familias pobres con ingresos menores a $ 5.900 por mes (7 millones de personas)
- 30,3 % de familias de clase baja con ingresos menores a $ 11.700 por mes (13 millones de personas)
- 30,2 % de familias de clase media-baja con ingresos inferiores a $ 20.600 por mes  (12 millones de personas)
- 16,8 % de familias de clase media con ingresos inferiores a $ 49.500 por mes (6 millones de personas)
Esa fue la pirámide social de argentina 2015.

Contrariando la información oficial de hoy, partimos de considerar que el país no estaba incendiado económicamente en el 2015, que no se debatía en una crisis profunda que angustiaba a los ciudadanos y que no tenía la conflictividad social de Siria o Venezuela. Había dificultades económicas a resolver, pero de ahí a decir que estaba por estallar la bomba social hay una tremenda y premeditada exageración y mentira.

Sin entrar en teorías y análisis económicos  que siempre se acomodan a los deseos del economista, la foto de lo que ocurría a fines del 2015 con los sectores bajos y medios nos muestra que estos contaban con una serie de beneficios y derechos adquiridos que llamaremos colchón. Que estos eran insuficientes y que faltaban más derechos, nadie lo duda. Que para algunos el colchón era más mullido que para otros, tampoco se duda.

Estos sectores bajos y medios, más allá de compartir o no la propuesta de la alianza triunfante “Cambiemos”, reciben las nuevas medidas económicas (devaluación, inseguridad en el empleo, alta inflación, tarifazos, eliminación de programas asistenciales, achique del mercado interno, etc.) con el colchón que le tocó en suerte y con la esperanza de: o dormir mejor,  o mantener el mismo colchón. Nadie vota a sus representantes para que lo manden a dormir directamente en el suelo. Y menos aún para que aparezca el monstruo “come colchones”.

¿Para qué sirven los colchones de beneficios y derechos? En los sistemas económicos capitalistas, como es el que predomina en argentina y que por su naturaleza tienden a la concentración de la riqueza, una forma de atemperar la exclusión social y la desigualdad es mediante un sistema de beneficios, ampliación de derechos, subsidios, y una variada gama de herramientas que trasladan ingresos desde los más ricos a los más pobres. Sin dudas que la existencia del “colchón” atempera la conflictividad social y nos conduce por una sociedad más solidaria.

El peligro que nos acecha hoy es que el “monstruo come colchones” ya salió de su madriguera. La mayoría del pueblo argentino no le creyó a Daniel Scioli cuando dijo que esto iba a ocurrir. Le creyó a Mauricio Macrí con la consigna de “pobreza cero” o, lo que es lo mismo, la promesa de que tendríamos “mejores colchones” para enfrentar el diario vivir.
Pero dejemos atrás los dimes y diretes, los anuncios y promesas, los “yo te dije”, los “yo te avisé” o los “yo te prometí”. Vamos directamente al colchón, a ver qué pasó con él durante el semestre que ya pasó y qué está pasando en este segundo semestre.

Quienes recorren los barrios pobres quedan sorprendidos de cómo cambió la situación. El costo de los alimentos se devora rápidamente al colchón de los sectores más bajos que, obviamente, han comenzado a manifestarse con marchas, reclamos y protestas.

En los sectores medios, más allá del incremento de los alimentos, comienzan a sentirse los efectos de la suba en alquileres, tarifas de servicios, aumento en las cuotas de los colegios privados y pre pagas, encarecimiento de la recreación, etc. Estos sectores, que algunos creen siguen dormidos, han comenzado a despertar en la medida que el colchón se va achicando. Pero también es sensato reconocer que aún hay colchón: caso contrario, el monstruo “come colchones” no saldría a cazar

Recapitulemos para reflexionar
¿Había realmente un colchón? ¿O ya estábamos durmiendo en el piso?
Si realmente había colchón y por ahora no pensamos en hacerlo más confortable sino en tratar de no perderlo. ¿Cuánto nos durará? ¿Qué hacer? ¿Cómo defendemos los derechos adquiridos?
¿Vale la pena dormir en el piso hoy esperando que en el futuro se “derramen colchones”? ¿Es que alguien cree que ejerciendo la violencia en los hijos hoy, tendremos mejores hijos en el futuro? ¿Acaso no se aprende en el diario vivir?
¿Acaso no sabemos que cuando se duerme en el piso nos ponemos todos, ciudadanos y funcionarios, más intranquilos y con menos ideas sabias?

 

                                                                                                                                            Por Juan Serra para AgendaUno.

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