OPINIÓN

Volver ¿Para qué?

Las oportunidades históricas de nuestro país esta signadas por retornos gloriosos y no tantos.

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Por Juan Serra para Agendauno.


Estamos hablando de volver al gobierno, consigna que se escucha actualmente pero bien podríamos decir que carece de originalidad: en la rica historia argentina todos los que se van quieren volver. Con “volveré y seré millones” y el “luche y vuelve”, el peronismo volvió en varias oportunidades; los militares, con menos consignas, volvieron más veces, y los conservadores-neo-liberales hoy están de vuelta. Con lo que, vale aclararlo, nadie puede molestarse ni sorprenderse porque un opositor quiera volver.

Tampoco es original ver que el que se fue y vuelve, deshace lo anterior y empieza de nuevo: es común observar en gobiernos e instituciones públicas cómo el que llega viene con el arcabuz de Don Juan de Garay y quiere refundar todo desde cero.
Las famosas frases de la “maldita herencia”, “a partir de ahora será un antes y un después”, “hay que cambiar todo lo anterior”, etc., expresan un desconocimiento de la construcción histórica de los pueblos, sus instituciones, sus conflictos, sus luchas y, por supuesto, de las profundas razones estructurales y súper-estructurales que se oponen al ingenuo y egocéntrico concepto del Big Bang político: “todo empieza cuando llego yo”.

Descartando como poco serios los motivos anteriores para querer volver, la pregunta de “volver, ¿para qué?”, no se realiza en tono despectivo o desesperanzador, sino en tono reflexivo e indagador; y de preocupación: ¿ya saben qué hacer cuando estén de vuelta?

¿Tenemos planes estratégicos, a largo plazo, transformadores, que no se limiten a administrar/gestionar/eficientizar mejor “lo que hay”? ¿Sabemos por qué, a pesar de 12 años de políticas distributivas y obtención de nuevos derechos, el salario real al final del 2015 quedó lejos del salario real de 1974, considerado el de mayor nivel histórico? ¿Sabemos cómo salir de la encerrona de la restricción externa que nos tiene, desde hace más de 50 años, en un sube y baja de gobiernos populares y luego gobiernos liberales? ¿Tendrá algo que ver todo esto con la tremenda desigualdad y concentración de la riqueza, que no solo genera pobreza sino también profundas grietas en el sistema democrático?
Si las multinacionales deciden nuestro destino económico y nuestro lugar en el mundo globalizado, ¿tenemos un plan para torcer ese rumbo y ser más autónomos?
¿Qué haremos para desconcentrar y democratizar el poder económico, no con consignas, sino con propuestas y acciones concretas?
¿Volveremos a lidiar con la misma policía?
¿Estamos pensando/estudiando/conversando/carburando sobre esto?

Visto así, el ¿para qué volver? no es una cuestión menor si se trata de volver para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

El ¿para qué volver? es efectivamente una pregunta provocadora. Provocadora no para pelear ni andar repartiendo monogramas de buenos/malos ó traidores/amigos; tampoco para “chapear” con lo que se hizo bien, sino para reflexionar sobre lo que falta, sobre lo que hay que hacer, sobre dónde están los límites a superar/transformar.

Antes de volver debemos desentrañar dónde están las causas y dónde las consecuencias que hacen que la historia “vuelva a repetirse”.

Por ejemplo, como tucumanos (y valga para todas las economías regionales como el tabaco, yerba mate, frutas, algodón, miel, hortalizas, etc.) ¿seguiremos haciendo lo mismo de siempre con la cadena productiva de la caña de azúcar? ¿Seguiremos ignorando que hay un eslabón dominante que se queda con gran parte de la renta que genera el resto de la cadena productiva, aumentando así la concentración y la desigualdad? ¿Qué sentido tiene aportar recursos a los pequeños productores si luego esos recursos se van por un tubo hacia el eslabón dominante? ¿Hay alguna otra idea?

¿Alguien cree, sinceramente, que el sistema de precios cuidados, bien descuidados por cierto, puede ocasionar, además de risa, alguna molestia a la tiranía de los supermercados que compran a los productores por un peso y luego venden por cinco pesos a los consumidores? ¿Alguna nueva idea esperanzadora para los consumidores y los productores?

Si nos sacamos la camiseta y transitamos el interior del país y los barrios pobres de las grandes ciudades, hay muchos sitios en donde bien cabría aquella famosa frase de que “por aquí el peronismo no pasó”. Seguramente sobró voluntarismo y faltaron propuestas transformadoras.
Y si sabemos que en una Comuna de diez/veinte/treinta mil habitantes los inversores no vendrán “ni a comer mora”; y que no habrá derrames, salvo el de algún río chúcaro. Entonces, ¿Qué estamos preparando “con y para” esos compatriotas? ¿Alguien cree que basta con saber de memoria las “veinte verdades peronistas”, el “preámbulo de la Constitución Nacional” o los “Objetivos del Plan Belgrano”?

El ¿volver, para qué?, no es una pregunta para criticar y descubrir errores, tampoco para practicar el harakiri sanador. Es una pregunta para asumir con responsabilidad una actitud crítica (analizar, dudar, desnaturalizar) acerca de cómo gobernar construyendo modos de vida más igualitarios y democráticos. Es una pregunta que  convoca a los partidos y movimientos sociales ser más serios y rigurosos en la búsqueda de soluciones sustentables para problemas viejos y repetidos.

No viene mal cada tanto recordar el pensamiento del peruano José Carlos Mariátegui cuando se refería a la búsqueda de soluciones a los problemas de Latinoamérica y nos invitaba a pensarnos: “ni calco, ni copia: creación heroica”.

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