OPINIÓN

El porqué abandonamos a nuestros viejos en un hospicio.

Una reflexión narrada sobre hechos reales.

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Por Alvaro Trejo para Agenda Uno.

Somos los que los demás hicieron de nosotros, la virtud del hombre es en tratar de hacer algo con “eso” que los otros hicieron con nosotros.

Esta reflexión del filosofo francés Jean Paul Sartre, viene a consecuencia de una situación social que me tocó vivir con una de mis amistades más cercanas, esta situación relataba la comodidad social y económica, que se planteaba  esta persona al momento de decidir “dejar” en un hogar de ancianos a su padre, un hombre ya mayor de edad que necesitaba cuidados correspondientes a esa misma edad.

La pregunta que pude esgrimir, después de tanto pensar para no llegar a sonar ofensivo fue: ¿porque no te haces cargo de tu viejo?

Viejo, palabra tantas veces usadas y muchísimas veces más aún significada, y como en esta vez reinterpretada por mí y por mi interlocutor de manera diferente, para mi viejo significa padre, para él Viejo significaba solo eso, algo viejo pero de su propiedad.

Cuando él comenzó su explicación, empezó aduciendo que los tiempos laborales que poseía no le permitían cuidar de su padre, que él no se sentía capacitado y que no tenía la paciencia que  necesitaba para lidiar con esta persona que ya no sumaba sino que restaba en su mundo de ocupaciones sociales y laborales.

Inmediatamente me puse a pensar que pudo haber hecho este “viejo” para terminar abandonado por parte de su hijo en un asilo para ancianos; La respuesta llegó solo de la mano del recuerdo, recuerdo recreado de las vivencias y charlas desde la amistad  que poseo con esta persona.  Una persona de muy buen pasar económico, una economía forjada en el seno familiar, específicamente por su padre y su madre, que lograron amasar una gran fortuna, que para mi parecer innecesaria, que dicho sea de paso, el lograrla les consumió gran parte de su tiempo familiar y social.

Este VIEJO, este padre, pasó toda su vida trabajando en doble turno para  poder acceder al sueño cultural o consumista de “Bien Estar” , ese  sueño inalcanzable que nos vende  una sociedad en decadencia de valores reales, que nos plantea una sobre ocupación laboral, que inundó a esta familia, haciéndoles pensar que no podía hacerse cargo de su pequeño hijito que venia al mundo  exigiendo solo atenciones y amor por parte de sus progenitores.

Este niño no contaba con la suerte de poseer el tiempo ni el cuidado de sus padres, pero contó con múltiples niñeras que supieron atender sus necesidades a cambio también de capital proporcionado por sus padres hacia las mismas, es decir que  este amigo estaba PAGANDO con la misma moneda que su Padres o Viejos compraran atención y cariño de extraños para su hijo.

Pero hasta acá ésta es la ecuación casi perfecta, le dio a sus padres lo mismo que recibió de ellos, la atención rentada de extraños, la imposibilidad de cuidados por tener que correr tras el dinero, les dio a sus padres buenos cuidados rentados que seguramente crearan nuevos vínculos de amor fuera del seno de la familia, que seguramente se retumbaran al unísono en la pregunta entre padres e hijos cuando  estos cuestiones la situación: ¿pero cómo me hizo esto si yo le di todo?

Y justamente es ahí, en “ese dar” donde radica todo el asunto del “porque”.
La cultura nos enseña a naturalizar cosas que no son siempre las mejores, aprendemos que la justicia solo está en manos del poderosos, naturalizamos que el varón es dueño de la mujer, naturalizamos que siempre habrá pobres y tantos más pares contradictorios como hojas tiene un árbol.

Es así que no es raro pensar que se naturalizan todas las cuestiones sociales y culturales, y como ser en este caso se naturalizó la idea de abandonar en manos rentadas a la persona que no podemos atender,  se naturaliza que es mejor cuidar los dos trabajos y el dinero que este nos dá,  en lugar de ocuparnos de nuestros afectos que necesitan solo cariño y contención.

Pero es tan “natural” este pensamiento que abandonamos a nuestros seres queridos con la convicción ilusoria de que lo hacemos por su bien….trabajamos todo el día por el bien de ellos, los aislamos en una guardería, o en un asilo porque ahí estarán mejor cuidados que en nuestras manos.

Es tan triste pero real esta situación, que se convirtió en algo natural, se hizo carne el creer que todo se puede comprar, que todo se puede vender, que este mundo está hecho para el que tiene dinero y el dinero compra todo, esposas, hijos, tranquilidad, afectos etc. Una sociedad en donde recibimos compensaciones económicas por todo daño, las ofensas se solucionan con indemnizaciones, los logros escolares se premian en billetes, los regalos solo son valiosos si es costoso sin importar si es original o  único en creación, las cosas tiene precios, y sobre todo a la vida se le puso precio.

Así que no es descabellado pensar que a nuestros afectos pequeños, los dejemos de lado por conseguir más dinero y que luego estos afectos o medios afectos, de grandes actúen de igual manera para con nuestros viejos.

Para finalizar este relato solo quería traer como dato final, que Mi Amigo, el día del velatorio de su niñera de toda la vida, estaba destruido, partido en dos, con el alma hecha pedazos, pero el día que su madre debió partir, solo acudió a su entierro como a una reunión más de trabajo

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