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Noche de Brujas: La verdad sobre un gran femicidio

Para domesticar a las mujeres, con el pretexto de la caza de brujas, se exterminaron cientos de miles de ellas.

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Por Juan Serra para Agenda Uno

Hoy es el terrorismo y el Islam. Ayer fue el comunismo. Hubo una época en que el “enemigo” a vencer era la mujer.

Fue durante los siglos XVI y XVII en la Europa que dejaba de ser feudal y se encaminaba hacia el capitalismo. El capitalismo asomaba como una nueva forma de producir y organizar la sociedad basado en el control y la explotación de la fuerza de trabajo: los trabajadores y las trabajadoras.

Los capitalistas se convertían en dueños de las máquinas de producir máquinas, y dueños de las máquinas de producir objetos para el consumo: se adueñaban de los medios de producción.

Pero había una “máquina” rebelde  que los capitalistas no podían producir y que en aquella época era difícil de controlar: la “maquina” que producía la fuerza de trabajo, es decir, la que producía a los bebés, a las personas, a los futuros trabajadores y trabajadoras. Era la “maquina” de reproducción de cualquier  sociedad: eran las mujeres, las madres, que no solo se encargaban del trabajo doméstico sino que también acompañaban a los hombres en las revueltas de campesinos y artesanos.

Si para el buen funcionamiento del nuevo sistema económico el control de la fuerza de trabajo era vital; si el capitalismo ve al trabajo como la fuente de riqueza social, ¿cómo controlar la “máquina” más importante de todas, la que reproducía la fuerza de trabajo? ¿Cómo controlar a las mujeres? O, para decirlo de otro modo, ¿cómo sacarles el control de la reproducción?

Todo un desafío para los dueños de los medios de producción que no podían dejar nada fuera de su control, y no podían dejar que las madres decidan cuándo tener hijos y cuándo no tenerlos: no podían dejar que ellas decidan qué hacer con sus cuerpos.

¿Cómo controlarlas entonces?
El “manual” para el control de las personas aconsejaba: desvalorizarlas, domesticarlas, disciplinarlas, reprimirlas y atemorizarlas.

Eso fue lo que precisamente ocurrió con la “caza de brujas”, tal como nos cuenta la escritora y feminista Silvia Federici en su libro “Caliban y las Brujas”. El manual se aplicó de una forma terrible, que hoy llamaríamos genocidio o femicidio en gran escala: durante 200 años con el pretexto (diríamos relato) de la brujería, se eliminaron alrededor de 200.000 mujeres en los territorios de Francia, Alemania, Suiza, Inglaterra y países bajos.

Acusadas de brujas, de estar poseídas por el demonio, de comer niños recién nacidos y de ser enemigas de la humanidad, la Iglesia y el Estado institucionalizaron la “caza de mujeres”.

“Las mujeres deben ser controladas por la autoridad masculina ya que se corre el riesgo de que sean controladas por el diablo”, decía la Iglesia Católica que encargó a los monjes inquisidores la redacción del Malleus Maleficarum, famoso libro sobre brujería donde se instruía como detectarlas, torturarlas, hacerlas confesar y quemarlas vivas en presencia de toda su familia.

Alrededor de 200 años llevó este proceso de terror, exterminio y transformación del papel de la mujer en la sociedad. “La caza de brujas en Europa fue un ataque a la resistencia que las mujeres opusieron a la difusión del sistema capitalista; fue un ataque al poder que habían obtenido las mujeres”, nos dice Silvia Federici.

¿Y que lograron los cazadores de brujas?
- La apropiación por parte del Estado del útero como máquina de reproducción de la fuerza de trabajo y así disciplinar la sexualidad de las mujeres
- Dividir a la reproducción de la producción. Invisibilizar, degradar  y no reconocer valor al trabajo doméstico; valorizar con un salario a la producción y establecer así el dominio de los asalariados (hombres) sobre los no asalariados (mujeres). Imponer el dogma de que “donde no hay salario no hay trabajo”
- Sacar el conocimiento comunitario, y por ene el poder, que tenían las mujeres sobre el cuerpo y sobre la medicina natural, para privatizarlo en una nueva clase de doctores
- Transformar la mujer combativa, activa, ruidosa y habladora de la edad media en una mujer asexuada, callada, sumisa en el capitalismo
- Que no se conozca la verdad histórica de lo que fue “la caza de brujas”
- Y lo más reciente y terrible: ¡que se festeje la noche de brujas!

 

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