ESPECTACULOS

Este jueves proyectarán la película “Aballay” en la Casa del Bicentenario. Entrada libre y gratuita.

Se brindará este film en el marco del ciclo de cine argentino y latinoamericano "El Trampolín"

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Este jueves, a las 20.30,  en la  Casa del Bicentenario, ubicada en avenida Adolfo de la Vega y Lamadrid, se proyectará la película “Aballay”. En el marco del ciclo, que comenzó la semana pasada, es organizado por la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, con la coordinación de la Dirección de Cultura y el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y de la Asociación "Tucumán Audiovisual".

“Aballay” obtuvo premios en el “Festival Internacional de Cine de Mar del Plata”, en “la Muestra de Cine Latinoamericano de Cataluña”, en los “Premios Cóndor de Plata”, y en los “Premios Sur”, entre otros eventos. El premiado western gauchesco de Fernando Spiner fue filmado en Amaicha del Valle, en nuestra provincia.

Las funciones del ciclo "El Trampolín" continuarán todos los jueves, a las 20.30, con entrada libre y gratuita. Cabe destacar que al inicio de cada función se proyectará también un corto tucumano, con el fin de promocionar a los cineastas locales.

Aballay, también conocida como Aballay, el hombre sin miedo, es una película argentina del género western-gauchesco de 2010 dirigida por Fernando Spiner.1 Está basada en el cuento Aballay, de Antonio Di Benedetto. El 3 de octubre de 2011, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina la seleccionó para participar como "Mejor película extranjera" en los premios Oscar. El 12 de diciembre de 2011, fue la máxima ganadora de los Premios Sur con ocho galardones.

Argumento:

Aballay era un gaucho mal llevado, resentido, ladrón, asesino. Pero a veces la imagen que devuelve un espejo hace que una persona se replantee toda su vida. En el caso de Aballay, ese espejo fue la mirada de un niño. Luego de matar salvajemente a un hombre, la mirada aterrorizada del hijo de su víctima le dio conciencia de su salvajismo, de su falta de humanidad. Y ese golpe llenó a Aballay de confusión, de horror por sí mismo.

En ese estado, Aballay oyó hablar de los estilitas. Gente que, para alejarse de la tierra en que ha pecado, y acercarse a Dios, decidía hacer una particular penitencia: subirse a una columna, y no volver a bajarse de ahí por el resto de su vida. En el campo argentino del 1900 no había columnas. Entonces Aballay decidió no volver a bajar de su caballo. Pasan los años. Aballay cumple su promesa. No toca el suelo. No vuelve a asesinar, ni a robar. Hace rigurosa su penitencia. La gente empieza a hablar de “El Pobre”, de “El hombre-caballo”, y su imagen empieza a tomar ribetes legendarios. Se convierte, ante la mirada de la gente, en una especie de santo.

Pero la mirada de ese niño no lo abandona, y él sabe que en cualquier momento lo va a buscar. Y lo va a encontrar.

 

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