ESPECTACULOS

Cerró La perla del Once, el bar donde nació el rock nacional.

Litto Nebbia y Tanguito dieron vida a la Balsa, y era el lugar de encuentro de muchísimos músicos argentinos.

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Hace un mes y medio, el local ubicado en Avenida Rivadavia y Jujuy fue comprado por la cadena de pizzerías La Americana y desde el 15 de febrero reabrirá totalmente reformado. Para el ambiente del rock es un día de luto y nadie sabe a ciencia cierta si los nuevos dueños mantendrán la identidad de uno de los puntos más reconocibles del ambiente rockero de la Ciudad de Buenos Aires. El sitio fue nombrado de Interés Cultural para la Ciudad en 1994.

Según informo clarin.com, Hoy es la última oportunidad para visitar La Perla tal como era hasta ahora: con las paredes llenas de cuadros autografiados por los próceres del rock argentino, el escenario al que todos los fines de semana subían bandas a tocar y ese estilo de bar clásico que dará paso a una moderna pizzería.

"Vine por el cierre, soy cordobés y vengo seguido a Buenos Aires, también al bar. Soy de la generación de los rockeros que empezaron acá, Siento dolor e impotencia, deberían preservar estos lugares. Esto es la historia nuestra, nuestra cultura", se lamenta Eduardo Ontivero, un seguidor que fue a tomar su último café en La Perla.

La historia de la mano de la música.

Mucho hemos escuchado hablar de bares notables, esos que están cargados de historia y cultura por diferentes acontecimientos que hayan ocurrido allí. También que por su antigüedad o arquitectura encierran un valor para la ciudad.

La Perla de Once es una esquina que ya en la década del 20 atraía muchos escritores de la época, café de por medio se juntaban desde Borges hasta Leopoldo Marechal, siempre estuvo rodeada de las vanguardias artísticas del momento.

En la década del 60 con el incipiente nacimiento del rock argentino el La Perla se llenó de los nuevos músicos y la juventud comenzó a formar un movimiento social diferenciado, una especie de subcultura. El lugar se convirtió en uno de los centros de encuentro de personajes como Litto Nebbia, Tanguito, Moris y Miguel Abuelo ( los abuelos de la nada).

El bar representaba el punto neurálgico de encuentro. El recorrido siempre era el mismo, desde La Perla salían hacia el reducto de jazz La Cueva, a diez y siete cuadras de allí, donde presenciaban algunos shows, y luego a las cuatro de la mañana volvían a seguir charlando de música, mostrando sus composiciones y guitarreando.

Los músicos, al no poder tocar en el salón principal del bar pero no queriendo retirarse de allí, buscaron lugares alternativos donde tocar la guitarra. Así descubrieron las bondades acústicas del baño del lugar, en donde fue escrita y compuesta una de las canciones más reconocibles de ese momento y que son emblema del rock nacional, La Balsa en el año 1967. También allí se escribieron “Jugo de tomate” y el lado B del primer simple de Tanguito, “El Hombre Restante”. Litto Nebbia recuerda de esa época: “En esas guitarreadas era increíble la cantidad de canciones que surgían, escritas por Tanguito, por Moris, por mí.”

Los años pasaron, los músicos crecieron y se convirtieron en referentes del rock nacional. La confitería quedó, con el tiempo se le hicieron refacciones y se fue modernizando, pero siempre mantuvo la mística de aquellos años.

En el año 1994 la esquina fue declarada Sitio de Interés Cultural y en el año 2007 la Legislatura Porteña descubrió una placa que deja constancia que allí se escribió La Balsa. La placa dice: “Aquí se creó el tema que, por su trascendencia popular inició lo que luego se llamó El Rock Nacional: La Balsa, de Litto Nebbia y Ramses VII (Tanguito), editado en 1967. Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.”

 

 

 

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