OPINIÓN

La democracia es un concepto a defender desde los actos y no solo desde un discurso político.

Columna de opinión de Juan Serra para Agenda UNO

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Que no nos roben la Democracia ;Algo huele muy mal en la Democracia Argentina.

Elegimos Presidentes que prometen un rumbo y luego estafan a sus votantes haciendo lo contrario. Se designan Ministros y funcionarios de alto rango que no respetan las normas de ética pública y hacen negocios o negociados entre sus empresas y el Estado.

Se sancionan decretos de necesidad y urgencia, sin ninguna necesidad y sin ninguna urgencia, que contradicen o anulan leyes votadas en el parlamento.

Diputados y Senadores, elegidos en representación de un partido con una plataforma programática, asumen y, al otro día, conforman una nueva agrupación que nadie votó, traicionando al partido que lo llevó al Parlamento y a los electores que le confiaron su representación.

Los Jefes de Policía, responsables de la seguridad de los ciudadanos, salen del closet y ahora son los jefes de las bandas de ladrones y de las redes de narco-traficantes y apretadores-recaudadores.

Los directivos del PAMI deciden que los jubilados “juegan” con los remedios, entonces restringen la lista de los medicamentos gratuitos para luego acordar con los grandes laboratorios que estos sean suministrados “a buen precio”.
Tres Jueces Supremos deciden tirar por la borda una política de Derechos Humanos que la mayoría del pueblo argentino apoyó y la comunidad internacional aplaudió, y permiten ahora que los genocidas condenados por delitos de lesa humanidad puedan andar libres por las calles.

El Presidente y su Canciller viajan al exterior y ofrecen las riquezas naturales argentinas como garantía de inversiones, atribuyéndose poderes que nadie les confirió.

Un funcionario del área económica decide que nuestro país será el Nº1 en la bicicleta financiera y en el endeudamiento externo, hipotecando el futuro de todos los argentinos.

Responsables de la seguridad de los argentinos recorren el mundo buscando las tecnologías más sofisticadas para ser usadas contra los ciudadanos que protestan.
Y así sucesivamente tenemos una larga lista de acciones que nadie votó ni autorizó, pero que los “representantes del pueblo” se sienten con derecho a llevar adelante.

¿Acaso votamos Reyes? ¿El cheque de representatividad otorgado cada cuatro años, es en blanco muy blanco?
Cualquier día nos levantaremos enterándonos que estamos en guerra sin saber todavía contra quién y porqué.

Sin dudas que algo huele muy mal en la Democracia Argentina. Y sin dudas que nuestro sistema democrático, con estos antecedentes y grietas autoritarias, necesita de una revisión que permita a los ciudadanos ejercer un mayor control para que su voluntad no sea burlada.

¿Qué hacemos entonces? ¿Seguimos votando y depositando nuestra confianza en traidores seriales de la voluntad popular? Además de la protesta y la movilización, no será hora de perfeccionar nuestra Constitución para evitar que la Democracia  siga degradándose hasta desaparecer?

Tampoco se trata de tirar la pelota fuera de la cancha y buscar culpas ajenas: los ciudadanos somos lo que vamos construyendo día a día nuestro modo de vida; somos los que vamos decidiendo cómo organizarnos en medio de una permanente puja de intereses, pasiones y deseos. La responsabilidad es de todos.

Pareciera entonces que no tiene sentido votar por un programa económico, un programa de asistencia social, una política de derechos humanos, etc., si luego el elegido para llevarlo a buen puerto hace lo que quiere. La lógica parece indicarnos que antes debemos elaborar las normas que garanticen que no habrá estafas, que permitan una mayor participación y control por parte de los ciudadanos, sino seguiremos poniendo el carro delante del caballo.

En síntesis, ahora que debemos elegir a nuestros representantes, sería muy atinado escuchar propuestas de cómo evitar que nos roben de a poco la Democracia.

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