OPINIÓN

La Democracia Representativa se va a la "B”

Una profunda crisis de valores polìticos en la sociedad contemporanea.

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La Democracia en peligro


Las extendidas prácticas de falsas promesas o engaños para obtener el voto popular pone en riesgo el sistema democrático

En los diccionarios de la lengua española la palabra traidor tiene alrededor de 70 sinónimos: embustero, tramposo, ingrato, falso, desleal, descreído, infame, infiel, conspirador, falaz, pérfido, ladino, pillo, artero, etc. En el “tucumano básico” otros tantos, menos reproducibles pero más certeros.

Traición fue la palabra más pronunciada por los tucumanos desde que comenzó a tratarse en el Congreso de la Nación la Reforma Jubilatoria que ya es Ley.

En las charlas, en los wasap, en el face y otras expresiones populares, los Diputados Nacionales José Cano, Beatriz Ávila, Facundo Garretón, Gladys Medina y Pablo Yedlin recibieron ese apelativo de parte de importantes sectores de la ciudadanía tucumana.

Todos ellos, independientemente de su origen político, prometieron por los medios de comunicación que si resultaban electos no apoyarían ninguna Ley de ajuste que perjudique o recorte el poder adquisitivo de los más humildes.
En menos de dos meses lo prometido “ya no me acuerdo”, y ahora tenemos una Ley Jubilatoria que perjudica a 17 millones de personas: jubilados, trabajadores, beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, beneficiarios de planes sociales y veteranos de Malvinas. Y fue votada por los que prometieron no hacerlo.

Pedir el voto, prometer, y luego hacer todo lo contrario, no resiste ninguna explicación técnica, necesidad de que las cuentas cierren, amenaza de apriete, o lo que fuere: es engaño a la voluntad popular; traición a la confianza de los votantes; incumplimiento real de los deberes de funcionario público.

Este proceder embustero dinamita la piedra basal de la Democracia Representativa, de la División de Poderes y de la ética política. ¿Qué sentido tiene votar por representantes que luego no nos representan? ¿Para qué elegimos Diputados Nacionales si luego harán lo que les indique el Presidente o el Gobernador? ¿A dónde quedó la división de Poderes? ¿Acaso a los Diputados Nacionales los votó el Gobernador? Muchas son las preguntas que reaparecieron en este verano de una Argentina i-lógica, donde se pretende combatir la pobreza castigando el bolsillo de los pobres.

¿Tan poca imaginación hay en nuestros Diputados y Senadores que para ordenar las cuentas del Estado proponen sacarle dinero a los jubilados y a los más humildes? ¿No se les ocurre otra idea? ¿Sabrán que Argentina, según datos de la Universidad de las Naciones Unidas a través de su Instituto Mundial para Investigación sobre Desarrollo Económico, pierde cada año entre 21 y 24 mil millones de dólares por los impuestos que dejan de pagar empresas que operan en nuestro país pero eligen radicarse en paraísos fiscales? ¿Sabrán que esa cifra es más de cuatro veces los 100.000 millones anuales que con la nueva Ley Previsional le sacan a los jubilados? ¿Sabrán de las cuantiosas ganancias que están obteniendo los bancos, las mineras, los pull de siembra, las corporaciones multinacionales, etc.?

A ver, pensemos: ¿no sería más justo, equitativo y sostenible en el tiempo hacer controles y ajustes en esos sectores? ¿Acaso parece razonable que en una familia cuando las cuentas no cierran se le saque el dinero al abuelo para que uno de los hijos vaya al casino?

¿Cómo es que razonan nuestros representantes? ¿Consultaron a los Jubilados? ¿A quién escuchan los senadores y diputados, ¿a los ciudadanos que los votaron y confiaron que sería defendidos o hay otras voces? ¿Serán los jubilados un obstáculo para el desarrollo del país?

Todavía se ve en las redes sociales los videos y las propagandas de campaña donde los dirigentes de Cambiemos aseguraban que “no habrá ajuste”, y los dirigentes del Frente Justicialista por Tucumán que “se opondrán a las leyes de ajuste que impulse el Presidente Macri”.

Todos esos anuncios de pre-campaña, ¿fueron una broma? ¿Acaso ya se ha naturalizado aquella famosa frase de que “si decía lo que tenía que hacer no me votaba nadie”?

Triste final de año 2017 y comienzo del 2018 para muchos hogares. Triste destino para los dirigentes que aprendieron a mentir. Por ese camino sin lugar a dudas que La Democracia corre peligro.

Un sabio de la política solía decir “que de todo se vuelve menos del ridículo”. ¿Habrá llegado el momento de agregar, “de la traición y el engaño tampoco”?

Juan Serra, para Agenda Uno

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