OPINIÓN

Todo el poder a los barrios; como ser dueños de su destino.

Como pasar del barrio consumidor al barrio productor y volver al barrio querido, feliz, seguro, solidario.

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Por Juan Serra para Agenda UNo

Estar, para “saber como”
Construir modos de vida más justos requiere un primer esfuerzo para deshacernos de las prácticas políticas y soluciones económicas que nos han conducido al tremendo malestar de sentir que estamos mal y que hacia el futuro estaremos peor. Ya no tiene sentido insistir con fórmulas que nos han conducido a reiterados fracasos con algunas pequeñas primaveras. Tampoco podemos esperar soluciones mágicas. Menos aún la llegada de Magos. Las soluciones vendrán del esfuerzo conjunto de ciudadanos, partidos políticos, organizaciones sociales y el Estado.

Es fundamental la participación del Estado como Organizador Comunitario, pero para que eso se convierta en mejoras concretas deben estar representados en el Estado los que realmente viven el problema a solucionar. “Estar para saber cómo” es vital. No se puede “saber cómo” si no “estamos”. Esto es lo primero que debemos animarnos a cambiar: no tiene sentido que se ocupe del transporte urbano o rural quien hace 20 años que no sube a un colectivo; o que intente solucionar los problemas barriales alguien que vive en un country.

Independientemente de títulos u honestidad no habrá soluciones sensatas, posibles y duraderas para mejorar nuestra calidad de vida si delegamos la responsabilidad en aquellos que no están donde se vive el problema o la necesidad. Este es el primer y gran cambio que debemos hacer en las prácticas políticas, que son en realidad las prácticas cotidianas para mejorar el modo de vida. 

Y cambiar esto ya es cambiar hacia un Estado mejor, que pase de solo administrar la desigualdad a buscar como terminar con ella.

Para ello hay que empezar desde abajo, desde los Barrios. De eso hablaremos

Todo el poder a los Barrios
Así como existe una América profunda, una Argentina profunda, un Interior profundo, también existe un Barrio profundo que solo puede conocerlo aquel que lo habita, aquel que “está”, que lo siente, que lo sufre o que lo disfruta.
El verbo “Estar”, de apariencia simple, debería ser uno de los tamices del “pasa o no pasa” para cualquier funcionario público que se ocupa de las necesidades comunitarias. Para ello se requieren nuevas estructuras institucionales donde los Barrios estén representados por sus habitantes, donde se pueda discutir y definir un programa de mejoras con su respectivo presupuesto: nuevas instituciones que fomenten y garanticen la participación barrial en la toma de decisiones. Nuevas instituciones que devuelvan el Poder a los Barrios

Del Barrio consumidor al Barrio productor
El lugar donde vivimos debería ser el mejor, el más acogedor, el más próspero, el más seguro para la educación y la recreación de nuestros hijos. Hoy no lo es. El Barrio dejó de ser el Centro de la vida Comunitaria, tanto que hasta la palabra Barrio fue bastardeada  y ahora se puede decir “barrio privado” sin ponerse colorado, cuando lo que realmente caracteriza al barrio es lo público, lo comunitario…lo “no privado”.

Gobiernos insensibles, políticas económicas que democratizan la pobreza y permanentes mensajes de “sálvese quien pueda” han logrado romper el espíritu de solidaridad necesario para el buen vivir, que fue la razón de los Barrios.

Rota la cohesión social y la confianza, impuesto el paradigma de que la felicidad está en el consumo desmedido y que para ello el vecino puede ser un competidor sospechoso, en los Barrios crecen las rejas, los yuyos, los vecinos desconocidos, la humedad en las paredes, las veredas rotas, la mierda en las calles y las esquinas oscuras y peligrosas. También se van abandonando las actividades productivas, los saberes y el beneficio social que significa compartir el trabajo y el entretenimiento.

El trabajo productivo puede y debe volver a ser un integrador barrial.
Un buen Programa de Gobierno Participativo puede lograrlo. Claro que es posible, pero no con discursos sino con una práctica sostenida en el tiempo que demuestre sus beneficios y haga recuperar la confianza.

¿Cuánto de lo que el Barrio consume puede ser producido y comercializado por sus habitantes? ¿Cuántos pequeños productores, pequeños artesanos, pequeños comerciantes o brindadores de servicios podrían recuperar sus saberes y estar nuevamente activos? ¿Cuántas necesidades básicas (alimentos, textiles, construcción) y servicios básicos (educación, salud, recreación, recolección de basura, seguridad, etc.) podrían ser satisfechas por los propios vecinos? ¿Cuánto nos ahorraríamos en transporte, tiempo de desplazamiento, etc.?

También se podría contar con un “manual básico sobre las necesidades a cubrir en los Barrios” según la cantidad de habitantes: cuantos centros asistenciales, escuelas, clubes,  plazas, ferias, huertas comunitarias, teatros, comisarías, etc. Hay infinidad de tareas que pueden hacerse en el Barrio generando trabajo digno y re-invirtiendo los dineros de sus habitantes en el propio Barrio.

Parque Industrial Barrial
Un Parque Industrial Barrial puede estar en un perímetro cerrado, un galpón o una manzana. Pero también puede ser un Parque Industrial a cielo abierto, donde las pequeñas industrias y actividades (herrería, carpintería, talleres varios, sodería, fábrica de jugos, fábrica de pastas, etc.) están distribuidas por el barrio y conectadas en una Red de acuerdos, de complementación en las cadenas productivas y eliminación de intermediarios  que benefician tanto al productor como al consumidor. Sobre esto hay mucho para pensar y desarrollar.

Al fin y al cabo solo se trata de abandonar todo lo que nos quita autonomía y volver a imitar al organismo vivo que somos: somos sistemas moleculares que nos producimos a nosotros mismos, y nos producimos junto con el medio que nos hace posible vivir.

Insistir en propuestas que deterioran el entorno pone en riesgo la vida misma.

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