OPINIÓN

Politica, Gobernabilidad y Desarrollo

En esta etapa de pandemia y fragilidad evidente del sistema neo liberal, el concepto de gobernabilidad contiene en si mismo la noción del deber inexcusable de la cooperación y de corresponsabilidad.

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Por Rubén Ricco, para Agenda Uno.


En esta etapa de pandemia y fragilidad evidente del sistema neo liberal, el concepto de gobernabilidad contiene en si mismo la noción del deber inexcusable de la  cooperación y de corresponsabilidad.

Se trata de un desafío de los gobiernos, pero también de una tarea común de otros actores; por ejemplo: Los partidos políticos, las empresas, los entes financieros, los sindicatos, organismos de consumidores, así como otros actores de la sociedad civil. Según la Comisión sobre Gobernabilidad, auspiciada por la ONU… “La Gobernabilidad es la suma de las muchas maneras en que los individuos y las instituciones, lo público y lo privado, manejan sus asuntos comunes. Es un proceso continuo a través del cual los intereses conflictivos o diversos se van acomodando así como se van emprendiendo acciones cooperativas. No hay más alternativa que trabajar juntos y emplear el poder colectivo para construir un futuro mejor”

De aquí que el anhelado perfeccionamiento de los mecanismos de representación política y de participación ciudadana, supone además una visión adecuada del papel que juegan los ciudadanos y la sociedad civil en la conformación del orden democrático. No basta con asegurar los mecanismos formales de representación para garantizar el orden democrático, es necesario percibir la complejidad de la tarea democrática, asumiendo el desafío de comprender que la democracia política, debe ser complementada con innovadoras formas de democracia social, económica y cultural. En este sentido está realizando avances evidentes el gobierno Argentino. Como bien sostiene Cristian Parker... “Toda democratización de la sociedad en estos planos de la vida supone la complejidad de la tarea política y hace más desafiante y exigente el rol de los partidos y de los liderazgos políticos.

Pero ante todo supone valorar la propia capacidad y potencial que existe, en forma manifiesta o latente, en la propia sociedad civil: Capacidad para auto convocarse, para movilizarse, para organizarse, para emprender tareas de autodesarrollo, en fin, para cooperar con las autoridades en tareas consensuales y de interés común. Todo esto supone confiar en el pueblo, confiar en la gente.” En este sentido se han fijado como metas insoslayables lograr la superación de la pobreza y alcanzar la equidad social.

Como bien sostiene nuestro Presidente Dr. Alberto A. Fernández , estos objetivos no se logran solamente con altas tasas de crecimiento económico sino poniendo en práctica políticas activas muy concretas donde se traduzca el concepto de desarrollo humano, sustentable y equitativo. Si se quiere confiar en la gente hay que asumir, como lo plantea el concepto de desarrollo humano, que cada persona, cada grupo, por más vulnerable que sea, tiene capacidades que pueden estimularse. Se trata de evitar políticas y programas de tipo asistencialista que puedan reproducir esquemas de dependencia, y por el contrario, de alentar programas que movilicen las energías endógenas, que generen condiciones favorables para que los pobres sean sujetos de su propio desarrollo. En este sentido, se deben seguir alentando desde el estado, iniciativas comunitarias y colectivas surgidas desde la propia comunidad.

La continuidad en el fortalecimiento de la sociedad civil es otro de los desafíos que impone la gobernabilidad en democracia. En efecto, no habrá legitimidad democrática consistente hacia el futuro, si no hay una fortalecida y progresista sociedad civil. Este fortalecimiento pasa por la revalorización de las instancias básicas de convivencia que van desde la familia, el barrio, las organizaciones territoriales y funcionales, en fin el conjunto de organizaciones e instituciones que conforman el tejido vital de toda sociedad. Se debe alentar aún más el sentido de comunidad y  de solidaridad presente en el tejido de la sociedad civil. La participación popular, la convivencia y amistad cívica, el dialogo, la interacción humana cara a cara, en fin aquellos lazos que arraigan y ofrecen la seguridad de las identidades y afectividades, son los que posibilitaran en el marco de las mutaciones de la globalización y de la masificación actual de la cultura, la revitalización de la propia sociedad democrática desde sus cimientos. Profundizar el modelo, a mi entender, es seguir remarcando desde el gobierno y desde el pueblo, nuestro propio perfil de desarrollo económico, de integración regional, de inclusión social y cultural, para hacer frente con éxito a los desafíos que plantea un mundo globalizado con crisis recurrentes.

Lic. Ruben Ricco. Sociologo. Master en Ccias. Politicas.

 

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