ESPECTACULOS

El invierno con mi generación

Un ritual de iniciación sobre la juventud de Mauro Libertella.

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Luego de la narración de la muerte de su padre en "Mi libro enterrado", el escritor cultiva ahora en una trama construida en escenas sobre los días de un grupo de amigos que compartieron la secundaria y la juventud.

Una novela escrita al ritmo de recuerdos -de esos que dejaron su huella en la memoria- y anclada en un registro que se atreve a evocar el paso del tiempo lejos de regodeos nostálgicos.

Escritor y periodista cultural, Libertella nació en Buenos Aires en 1983 y acaba de publicar su segunda novela en la que a diferencia de su antecedente literario en el que relata la relación con su padre (el escritor Héctor Libertella), emigra a otra búsqueda -también autobiográfica- motorizada sobre todo por el humor. "Fue una decisión deliberada, quería cambiar el tono, oponerlo al libro anterior", dice en diálogo con Télam.
Y también, confiesa "es un modo de no tomarse demasiado en serio ni la propia vida ni la juventud ni melancolizar una época; soy de los que tienden un poco a esos tipos de nostalgia. uno de mis miedos como narrador es pensar si habré caído en una idealización, la juventud es muy idealizable, eso de `la inocencia que alguna vez tuvimos` ¿no?".

En "El invierno con mi generación" (Penguin Random House), Libertella construye una estructura narrativa configurada a modo de escenas, levantadas sobre anécdotas y experiencias fundantes de esos años decisivos que van de la adolescencia a la juventud, ese ritual iniciático que delimita gustos, sostiene modas, establece verdades y principios.

Así, la novela se construye como una radiografía de la juventud porteña de clase media: la seducción del rock (The Beatles, The Doors, en casete), la ausencia de mujeres, las vacaciones en Villa Gesell, los primeros efectos de la marihuana.

- Télam: ¿Por qué decidiste abordar la juventud?
- Libertella: Somos una generación que está justo en el medio del paso de lo analógico a lo digital. tenemos como un tesoro, una especie de oportunidad histórica rarísima de escribir sobre ese cambio brusco de un mundo a otro; creo que es una transformación que nos pertenece y nos da la posibilidad de narrarlo en primera persona.
Es cierto que uno se acostumbra bastante rápido a los cambios, pero trato de recordar que no fue así todo el tiempo, y quizá más años de mi vida vieron el mundo con otros ojos, sólo para no naturalizar las cosas. Hay un esfuerzo por tener el objeto un poco separado de los ojos, de no naturalizar todo este mundo digital en el que estamos.

- T: ¿Cómo es la relectura del propio pasado? ¿Cuánto se apela a la memoria y a la ficción?
- L: Muchas de las historias las tengo frescas porque las rememoramos cada vez que nos juntamos con mis amigos de la secundaria; son anécdotas muy narradas en asados, y las narraciones orales a medida que las contás una y otra vez las vas puliendo, de alguna forma ya las tenía construidas textual y lingüísticamente.
Y por otro lado, al igual que hice con el libro sobre mi padre, agarré una libretita con las cosas que quería escribir: anoté una 15 o 20 escenas y las seguí como hoja de ruta. Son escenas que decantaron naturalmente, que por alguna razón sobrevivieron al paso del tiempo, a la marea de los días, escenas que por algo quedaron grabadas, que tienen algo fundante, traumático, un quiebre.

- T: El título del libro refiere a una generación, sin embargo son claros los límites de ese concepto, hablás de un grupo de amigos con ciertas condiciones sociales, ideológicas y económicas...
- L: Evidentemente no busqué ser `la` voz de una generación; el libro no pretende ubicarse en ese lugar, tampoco yo podría hacerlo. de todas formas, creo que hay algo que interpela generacionalmente por los comentarios que me hicieron quienes lo leyeron, aunque también es cierto que esa gente podría ser parte del libro.

- Parte de esta trama tiene como escenario a la Argentina de la década del 90 y la crisis de 2000, sin embargo esa coyuntura aparece de refilón ¿fue una decisión deliberada correrte de ese momento?
-Para empezar no me siento apto para hacer un libro político en el sentido tradicional, pero fue una decisión no sobrecargar de referencias porque creo que te lo ancla mucho en una época, toda referencia da la impresión de que reduce la lectura en vez de abrirla, si sos menos directo el lector puede meterse dónde le parezca.

-En tu primera novela "Mi libro enterrado" rescatás lo autobiográfico y en este también. ¿Cómo entendés éste registro?
-Hay un tema respecto a lo autobiográfico o ficcional que para mi es ríspido, central o difícil de imaginar que es: hasta qué punto a la gente le puede interesar lo que le cuentes de su propia vida. Así yo tengo la ilusión de que universalizo los temas sobre los que escribo, lo que me importa como narrador no es contar mi vida sino que sea un tema en el que todos se puedan meter, dejar una puerta abierta para que el lector pueda identificarse.
Creo que "El invierno con mi generación" está a medio camino, es un síntoma del libro que no está claro. Y eso me gusta, prefiero que no se sepa muy bien y decir `si, esto es completamente autobiográfico`.


Fuente: Telam.

 

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