ESPECTACULOS

Después de Sarmiento

Una película pregunta cómo educar y aprender en la escuela pública.

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En el film que se estrena hoy en el Cine Gaumont, el cineasta Francisco Márquez ensaya un documental de observación en el que acompaña a alumnos y profesores del colegio Sarmiento de la ciudad de Buenos Aires y se pregunta cómo enseñar y cómo aprender en la actualidad, invitando a reflexionar sobre la importancia de la educación pública.

La película no se propone encontrar una respuesta a todas estas cuestiones, pero sí observa una situación desde una perspectiva crítica -la de la relación entre alumnos y profesores y la de los alumnos con sus propios compañeros- como para abrir un debate y una discusión que, según Márquez, “sería muy importante dar”.

“Hay diversos diagnósticos sobre la situación actual, pero creo que en definitiva lo que tienen en común es que así las cosas no pueden seguir, no sabemos cómo tendría que ser, pero hay algo que se tiene que transformar. Existe una conciencia clara de una necesidad de transformar las cosas, y ese es el único consenso en la comunidad educativa”, aseguró el director.

En su primer largometraje documental, Márquez se cuestiona sobre “para qué sirve la escuela pública” y afirma que “es verdad que en la actualidad los chicos pueden prestar menos atención, pero también es verdad que cuando hay docentes que les proponen algo significativo se ven clases con chicos muy atentos, activos y participativos, diciendo cosas muy interesantes”.

“En cambio, hay otros maestros que hablan de cosas sin contextualizarlas ni relacionarlas con sus propias vidas, y entonces los chicos no prestan tanta atención y están totalmente dispersos. Creo que la educación tiene que ver más con la relación que los alumnos establecen con sus profesores y la forma de relacionarse que ellos les proponen”.

El film se pregunta cómo adaptar la educación pública argentina a los nuevos tiempos, ya que en la actualidad el sistema educativo parece seguir centrado en viejos paradigmas pedagógicos ignorando que la obligatoriedad de la escuela secundaria trajo nuevos desafíos que trascienden el ámbito académico y se extienden a la sociedad, más allá de la escuela.

“Creo que el aprendizaje, de alguna manera, no tiene que ver con llenar contenidos que no tienen sentido. Lo que tienen que aprender los chicos es a transformar su realidad, y eso no se los da una acumulación de datos y nombres, sino el hecho de que puedan aprender a transformar sus vidas y ser partícipes de su propia educación”, señaló Márquez, que puso la lupa en las discusiones que los propios alumnos tienen para formar un centro de estudiantes.

El Colegio Sarmiento está ubicado en Recoleta, un barrio de clase alta en Buenos Aires, pero en sus aulas cursan estudiantes de la Villa 31 y de sectores de clase media porteños, lo que genera una tensión que se ve reflejada en la relación entre los alumnos y los profesores, pero también en la organización del centro de estudiantes.
Buscando la integración de todos los alumnos, Roxana Levinsky -rectora y docente de literatura- propone un método pedagógico transformador, en el que los alumnos ganan en protagonismo y participación, generando un debate sobre sus propias vidas, en el que no sólo se sientan integrados sino que además sepan cómo aplicar los conocimientos adquiridos en la realidad que les toca vivir cotidianamente.

“Percibí que había algo para contar sobre el Sarmiento al ver las diferentes clases sociales que se entrecruzaban, al conocer el proyecto renovador de algunos docentes que intentaba transcender lo que es la escuela clásica y la resistencia de otros docentes a cambiar la manera de enseñar, un conflicto que representa al que se vive actualmente en otras escuelas”, recordó Márquez en relación a la génesis de la película.

Según el cineasta, “en los colegios se está discutiendo la Nueva Escuela Secundaria y si bien hay algunos que creen en la forma de enseñar clásica, hay otros que plantean nuevas tácticas más interdisciplinarias, para mezclar contenidos y relacionarlos con la realidad de los alumnos, para que puedan pensar la educación como un proceso y no simplemente como una acumulación de contenidos”.

“Por un lado -dijo Márquez- hay una resistencia que tiene que ver con prácticas ya sedimentadas en los docentes que cuesta mucho cambiar. Es más fácil pensar que a los chicos les cuesta aprender y son menos atentos, que ver qué está mal en sus prácticas”.

Por otro lado, añadió, “hay un papel que juega el Estado en eso. Creo que está bien que se invierta más en Educación, pero no se puede pensar la educación de manera autónoma a la sociedad, ya que hay realidades que viven los chicos en los barrios por carencia o ausencia del Estado, que hace que los chicos tengan una relación particular con la escuela”.


Fuente: Telam.

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